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Consumo de riesgo: ¿la botella o la vida?


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Dos o tres veces por semana, invariablemente, el hombre llega hasta el separador de la calzada y coloca un ramo de flores en el lugar donde falleció su hijo. Han transcurrido varios años, pero su dolor no mengua. Lleva mucho tiempo imaginando lo diferente que sería todo hoy si el muchacho hubiera escuchado los consejos de los amigos que le advirtieron que no se encontraba en condiciones para conducir la moto esa fatal madrugada.

¿Será acaso que ignoró alguna señal de alarma en el comportamiento de su hijo?, se pregunta con frecuencia, para luego convencerse de que no. Y es que su hijo no era un alcohólico, simplemente esa noche bebió más de la cuenta.

Situaciones dolorosas como esta se encuentran desperdigadas a nuestro alrededor, formando parte de la cotidianidad y quizá las hemos escuchado o vivido de cerca. Tal vez alguna vez conocimos a un adolescente que perdió a su padre en un accidente tras conducir en estado de embriaguez, o a un muchacho que quedó parapléjico en circunstancias similares. Fatales o no, todas esas historias tienen algo en común: el consumo de alcohol. Seguir leyendo Consumo de riesgo: ¿la botella o la vida?

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Sin tiempo para dormir


Estudiantes universitarios del curso regular diurno que combinan sus actividades educativas con un empleo, muchas veces nocturno…ese es el fenómeno que no resulta demasiado difícil de ver por estos días. Diez años atrás era una cuestión casi impensable. Las condiciones no eran las mismas, claro está. Los jóvenes, hijos de su tiempo, se adaptan a las nuevas realidades del panorama socioeconómico cubano y reorganizan sus horarios, asumen responsabilidades y se enfrentan a retos que, muchas veces, tienen altos costos.

«Nací en Santiago de Cuba. Desde los 9 años practico nado sincronizado y fui captada para la Escuela Nacional de Deportes al comenzar el séptimo grado, de modo que pasé la secundaria y el preuniversitario becada aquí en La Habana. En 12 grado dejé de entrenar para prepararme para las pruebas de ingreso pues, aunque me gusta mucho mi deporte, no veía a la Licenciatura en Cultura Física como la profesión de mis sueños. Me decidí en cambio por Lengua Inglesa y la obtuve.

«No quise regresar a mi provincia, donde está mi mamá. Llevaba ya 6 años en la capital y aquí tenía todas mis amistades. Hice el cambio de dirección y me quedé en casa de un familiar, pero quería independizarme y ganar mi propio dinero, así que me alquilé. Cuando empecé la carrera, como ya estaba adaptada a combinar estudio y deporte, conseguí trabajo en una compañía de ballet acuático».  Así nos narra su historia la jovencita Claudia Guerra Lobaina.

: «No me sacrifico tanto trabajando para salir a pasear, porque no tengo tiempo para eso», afirma Claudia Guerra, estudiante de Psicología. /Foto: Rouslyn Navia
«No me sacrifico tanto trabajando para salir a pasear, porque no tengo tiempo para eso», afirma Claudia Guerra, estudiante de Psicología. /Foto: Rouslyn Navia

Pero no todo salió como esperaba «me chocaban mucho los horarios de trabajo con los estudios. Me acostaba bastante tarde, y al día siguiente tenía que levantarme muy temprano, estaba agotada, vivía sola y tampoco ganaba mucho dinero. Fue una etapa difícil. Seguir leyendo Sin tiempo para dormir

Lo que viví en Panamá


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No pudiera contarles ahora cómo luce el Canal, o qué opinión me merecen los lugares históricos y culturales de la ciudad de Panamá. No los vi, no recorrí Panamá cámara en mano, de turista, disfrutando sin prisas de su arquitectura y belleza. No hubo tiempo para eso.

Puedo, sin embargo, contarles cómo, y con qué fervor, resonaba el Himno del 26 de julio entonado por los cubanos que se retiraban de la inauguración del Foro de la Sociedad Civil, evento paralelo previo a la Cumbre presidencial. Puedo, asimismo, hablarles de la indignación que se siente en el pecho cuando te ves frente a frente con personas a las que desprecias profundamente por su vileza.

Puedo narrarles lo que se experimenta al ver en las noticias de la noche en televisión cómo se manipula y tergiversa todo lo que hicimos durante la jornada.

Pudiera, además, aludir a lo que significó para muchos cubanos corear El Necio (en especial algunos fragmentos) junto a Silvio en aquel parqueo universitario, devenido sitio de encuentro para tantas personas, muchas de ellas delegados juveniles, quienes prefirieron la música cubana antes que aquel “mejor centro nocturno de la ciudad” que ofrecían con total exclusividad los organizadores del Foro de Jóvenes a modo de clausura del evento.

Pudiera hablar de tantas cosas…hay tanto que decir sobre lo que se vivió en Panamá, queda tanto debate en las redes sociales, en los blogs, tantas respuestas, y réplicas, y contrarréplicas en los medios digitales y en las calles que no sabría ni por dónde comenzar. Quizás sea mejor el principio…veremos qué sale luego. Seguir leyendo Lo que viví en Panamá

Una tarde inolvidable


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Hay momentos inolvidables, de esos que quedarán convertidos en anécdotas que contaremos con orgullo a nuestros nietos cuando seamos viejitos…y ayer fue uno de esos.

Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba, estuvo en la Redacción de Juventud Rebelde en compañía de su esposa Adriana.

Fue la mejor tarde que recuerdo desde que comencé a trabajar en el Diario de la juventud cubana, todos risueños, felices, emocionados, nerviosos. Y Gerardo caminando por nuestros pasillos, saludando, observando todo con sus ojos inquietos y curiosos, recibiendo abrazos de admiradores, de personas que le agradecían los años de sacrificio. Y Adriana, desbordada de felicidad junto al hombre de su vida,  no deja de mirarlo, y sonreír, y escucharlo, como dispuesta a no perderse ni un segundo más de sus palabras, de su presencia. 

Gerardo respondió preguntas (rodeado de periodistas no podía ser de otra manera), contó anécdotas, narró historias, ofreció detalles,  hizo bromas, se emocionó y, por un segundo, todos observamos cómo se guardaba la lágrima que pugnaba por brotar.

Ya no es, para los que tuvimos el privilegio de su compañía esa tarde, el rostro de la foto antigua que encontramos en vallas, pósters, paredes y afiches de una etapa dolorosa que ya nadie quiere volver a recordar. Sencillo, natural, sin imposturas, Gerardo es un Héroe de carne y hueso que ayer  se nos hizo tangible, y tan real como inolvidable.

Gerardo por los pasillos de JR

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Gerardo con algunos de los integrantes de Soy Cuba

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Gerardo dialoga con JR

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Disfrutando de la exposición en su honor…

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Corrupción ¿solución del necesitado?


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“Hace falta una carga para matar bribones,
para acabar la obra de las revoluciones,
(…) para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí (…)
Rubén Martínez Villena

«Al director de mi empresa lo destituyeron y está bajo investigación, ¿te enteraste? Una auditoría detectó que estaba desviando recursos». « ¿Sí? Imagino que con eso pudo construir la casona aquella que tenía». El diálogo se desarrolla en una parada, mientras esperan la guagua para ir al trabajo.

Sobre semejante espacio de la cotidianidad se cierne entonces el velo pesado del disgusto y, en medio del cargado ambiente, las caras de los presentes reflejan rechazo y decepción.

Toda vez que un funcionario estatal cae en las redes de la corrupción, aquellos a los que debía representar, dígase compañeros, clientes o ciudadanos comunes, sienten que se traicionó la confianza que depositó el país sobre este. De igual modo, sobrevuela la duda de cómo pudo pasar inadvertido el robo, si cuanto más evidentemente se eleva el nivel de vida de los solapados desfalcadores, mayor es la impunidad de que se creen estos revestidos.

Y aunque para muchos la corrupción aún resulte tema tabú, especialmente en nuestra prensa, donde poco rebotan o se reflejan los sonados casos detectados, que sí circulan de hogar en hogar mediante memorias flash,  ignorar (que es también un modo de negar) la profundidad del problema solo nos perjudica. Por ello, me gustaría abordar algunas aristas de tan controvertida problemática actual. Seguir leyendo Corrupción ¿solución del necesitado?

Más allá del nombre


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En mi preuniversitario casi todos respondíamos a dos nombres: el que eligieron nuestros padres y el que luego nos impusimos mutuamente. Así, teníamos que Vaca, la gordita del grupo, era la mejor amiga de Pollito, la más delgada. La siempre risueña era Quinqui o Quincalla, debido a su pasión por pulsos y collares, mientras que Guasasa destacaba como la más inteligente, a pesar de su baja estatura. A la cabezona de piernas delgadas la bautizamos como Chupi, por los caramelos con palito conocidos como chupa-chupa. Y al Gordo lo seguíamos llamando así por pura costumbre, aunque hacía más de cinco años que había dejado de serlo.

No faltaban los clásicos: Cuatro Ojos, la China, el Bestia… Pero estaban también el Cucarachón, Mufasa, la Palma, Shazán, el Rojo, entre muchos más, en un despliegue de creatividad que a nuestra edad parecía no conocer límites. Tampoco escaparon a tal suerte algunos profesores, entre ellos la Jicotea y Lo Virus, quienes nos impartían Biología, aunque nunca supimos si alguna vez se enteraron de semejantes apelativos.

Mis amigos del pre no hacían nada de extraordinario o fuera de lo común. Desde tiempos inmemoriales las personas se han estado llamando mediante apodos, ya sea para describir una cualidad física o del carácter, como diminutivo de un nombre común e, incluso, por tradición familiar. Seguir leyendo Más allá del nombre