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Lo que vives cuando te mudas para La Habana


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Confieso que a la capital acudí casi contra mi voluntad, y solo porque la carrera universitaria que elegí se estudiaba solo allí por aquella época. Y así, con apenas dieciocho años, me encontré de pronto arrancada de mi ciudad de espumas y silencios, y arrojada en medio de una urbe que se me antojaba demasiado grande, bulliciosa, compleja y sobrepoblada. Sin amigos ni familiares a quienes acudir en caso de urgencia, me sentía más sola y sin sentido que un comején viviendo en un trozo de acero.

Nunca me encandiló La Habana del modo en que a tantos otros. Sí, es una ciudad hermosa incluso con sus edificios al borde del colapso definitivo, con su malecón jamás desierto, con sus excesos, sus carencias, su incapacidad para dormirse ni siquiera en las más frías madrugadas. Y descubrí que de algún modo la quiero, aunque estoy consciente de que jamás será mía del mismo modo en que tampoco yo podré entregármele en cuerpo y alma.

También descubrí, con pesar, que por alguna extraña e inexplicable deformación La Habana actúa como una especie de agujero negro que atrae todo hacia sí para no permitirle escapar. De manera que se ha convertido no solo en la capital política del país, sino también en la cultural, económica, social y deportiva de la Isla. No en balde los flujos migratorios internos la colocan como meta principal.

Aunque resistí la tentación por algunos años, también yo terminé por “emigrar” a la mítica Habana por motivos profesionales, como tantos otros antes de mi. Y ahora se libra en mi pecho la batalla común a todo emigrante por conservar sus raíces e identidad, a la vez que intenta adaptarse al nuevo entorno.

Y ¿qué significa llevar colgado al cuello el cartelito de “provinciano” en la capital de todos los cubanos?

Pues, para empezar, quiere decir que tendrás que disfrutar o sufrir en la más absoluta soledad las derrotas de tu equipo de béisbol, sin importar que los demás se burlen de ti. Jamás te atreverías a cambiar el color de tu camiseta, sería como traicionarte a ti mismo y, de todos modos, a estas alturas de la vida no lograrías sentirte identificado con la selección azul.

Te molestará el hecho de necesitar más de una hora para moverte de un lugar a otro de la ciudad…cosa que en tu pueblo no requería más de 15 minutos.

Significa, además, que en lo adelante habrá un huequito del corazón habitado por la nostalgia hacia el terruño natal. Y que buscarás ansiosamente esos lugares familiares cuando en la televisión transmitan un reportaje sobre tu localidad. Cuando den el parte meteorológico en el noticiero, no solo te fijarás en el clima de tu ciudad actual, sino que querrás también estar al tanto de si por fin lloverá en la que siempre llamarás “tu casa”. Y quizás hasta a veces te confundas diciendo “aquí” en lugar de “allá”, olvidando que estás acá y no allí. ¿Se entiende?

No habrá manera de convencerte de que vienes del campo, no importa cuanto insistan los capitalinos en repetirte en tono de burla y superioridad que “La ciudad es La Habana y el resto área verde”. No lograrás tampoco convencerlos de que la tuya también es una urbe, sin importar su tamaño o cantidad de habitantes.

Te dolerá hasta el infinito no poder sintonizar la emisora radial provincial  que acompañó tu infancia, y la ausencia en los estanquillos del periódico que comprabas una vez por semana.

Saltarás de alegría cuando encuentres a un coterráneo por la calle, no importa si nunca antes le habías dirigido la palabra, bastará con que su rostro te sitúe en un contexto familiar para querer sentarte a conversar un rato y ponerte al día con los noticias locales, esas a las que obviamente ya no tienes acceso porque no resultan cuestiones de interés para la política informativa nacional.

Cometerás de vez en cuando alguna “guajirada” como por ejemplo, perderte cuando intentas llegar a la Terminal de Ómnibus porque te distrajiste mirando vidrieras por la calle Monte, en lugar de tomar por Reina, como era tu intención…y te asustarás cuando, de improviso, te encuentres en Cuatro Caminos sin tener ni idea de por qué no llegaste a Carlos III como pretendías.

Te negarás firmemente a tomarte una foto frente al Capitolio, porque quieres evitar los clichés; en cambio buscarás cualquier pretexto para sentarte algunas noches en el malecón, al que un bromista llamó el banco más largo del mundo, solo para disfrutar sentirte como uno más de los habituales.

Si vives en La Habana Vieja, escuchar el cañonazo de las 9 será, por mucho tiempo, algo que no dejará de impresionarte, y cuando sientas el ¡Boom! mirarás el reloj para comprobar si está en hora.

Si te preguntan una dirección al caminar por la calle, harás todo lo posible por responder satisfactoriamente, porque no querrás que “te desenmascaren”.

Querrás, inútilmente, conocer la capital como la palma de tu mano, igual que a tu ciudad anterior. Solo que esta será una tarea colosal, y quizás termines por conformarte con saber llegar de la casa al trabajo y a algunos puntos de interés bien definidos. Irás luego, por necesidades emergentes, ampliando tu radio de acción, y poco a poco te aprenderás las rutas de los ómnibus que más empleas…pero nunca podrás saberlo todo de esta ciudad, y no deberás sentirte frustrado por ello, pues hay un secreto que eventualmente descubrirás: los que nacieron en ella atraviesan en la misma situación.

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Saltando guaguas y cazando lagartijas (+Fotos)


Hoy es el cumpleaños de un cubano inmenso, risueño, alegre, sincero y valiente.  Gerardo Hernández Nordelo cumple 49 años y no podrá festejarlos pues se encuentra lejos de su Patria, de su amada Adriana, de su pueblo, su familia, sus amigos, su hogar.
Hoy publico la segunda parte de la entrevista que le estoy haciendo. Esta vez conversamos sobre su infancia.
Agradezco a Adriana Pérez, su esposa, por facilitar las fotos que acompañan este texto.

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Aproximadamente con 7 años. En su barrio natal, en el Alcázar.


Gerardo Hernández Nordelo, uno de nuestros Cinco Héroes, es un narrador increíble. Con su permanente sentido del humor y su modo optimista de asumir la vida, siempre logra atrapar por su manera de contar las cosas, con ese tono jocoso típico del cubano sencillo.  Y es que este hombre, sobre el que pesan penosas e injustas condenas, sigue siendo también aquel niño de Arroyo Naranjo que amaba jugar pelota y cometía alguna que otra travesura.

«Al igual que Adriana, nací en el hospital materno de 10 de Octubre, en Luyanó, más conocido por entonces como “Hijas de Galicia”. Del hospital fui directo para el reparto Alcázar, en Arroyo Naranjo, y de allí no salí hasta que nos casamos. Luego de un tiempo, mi papá se enfermó y regresé con Adriana a vivir allí de nuevo.

 «El Alcázar es un reparto pequeño y no tan conocido como algunos de los barrios con los que limita. Sin embargo, me crié con un concepto de “barrio” bastante elástico. Mi casa era la última de la Avenida Norte, a la que solo alguien que haya “perdido el Norte” le llamaría Avenida. Hace poco la asfaltaron y ya, al menos, parece una calle.   Seguir leyendo Saltando guaguas y cazando lagartijas (+Fotos)

Cambiando de aires


Barco en la bahía de La Habana

Soy matancera, siempre lo he sido y lo seré hasta el día que muera. Amo mi ciudad de un modo inexplicablemente dulce y doloroso a la vez. Me cuesta estar lejos del azul de su bahía, de sus calles estrechas, de sus parques solitarios bajo el sol del mediodía, de sus puentes y ríos, de los niños que juegan pelota en las tardes en medio del herbazal escaso del Viaducto…soy matancera, y eso es vivir en un constante estado de gracia.

Durante 4 años que adoré, trabajé allí, ejercí el periodismo primero desde las páginas del semanario Girón y luego desde el mensuario Humedal del Sur, dedicado a la Ciénaga de Zapata, territorio del sur matancero al que viajé con frecuencia y llegué a amar casi tanto como mi ciudad natal, no solo por la belleza de sus paisajes sino por la calidad humana de los habitantes de este inmenso y precioso humedal.

Pero, la vida es un constante cambio, y yo he decidido darle un giro a mi vida profesional. Así que me he ido a probar suerte en La Habana, la capital de todos los cubanos, como le llaman algunos. Desde mi etapa de estudiante, deseaba trabajar en uno de los medios nacionales que más admiro, y lo he conseguido. Juventud Rebelde, el diario de la juventud cubana, es mi nuevo empleador. Mi trabajo allí, será en el futuro mejor explicado, cada cosa en su momento, habrá sorpresas. Seguir leyendo Cambiando de aires

PRÓLOGO DE UN PRINCIPIANTE


Es un blog interesante, se los recomiendo a todos mis lectores y foristas…

Ventana Cubana

Desde mi ventana, veo pasar la vida en la que tomo parte, no es un mirador inmaculado, ni un resguardo que me aparta de lo cotidiano o que me deja inerte ante la realidad que late allá abajo, en ese ir y venir que fluye por las calles, llenas de gentes que sueñan y luchan por hacer de sus vidas un hecho relevante y útil.

Desde aquí se divisan las arterias que regularmente transito desde hace algunos años, en ellas he aprendido a percibir el alma de Cuba, configurada por millones de pequeños trocitos que aportamos todos. Es esta un alma grande y envidiable que hacen de mi nación algo especial y acogedor, cohabitan en esa esencia las alegrías, las penas; los desalientos y los alientos; los logros y los frenos; la solidaridad y los egoísmos; las esperanzas y los desesperanzados; los que trabajan y los que no lo hacen.

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Derribo de avionetas de Hermanos al Rescate: El derecho a defendernos (+video)



La defensa es permitida, reza una frase que escucho desde pequeña. Casi siempre muchos acotan, al expresarla, que “asimismo la agresión debería estar prohibida”. Sin embargo, extrapolando a niveles macro, eso solo se haría realidad en un mundo perfecto, en el cual no vivimos. El que nos tocó tiene un sistema bien diferente, donde el ataque resulta la opción más común de los poderosos.

Nuestra historia como nación ha devenido muestra de ello. Constantemente agobiada por quienes pretendieron beneficiarse del sudor de sus habitantes, toda vez que intentó liberarse del yugo se le acusó de rebelde y se le inmovilizó con cruel y sangriento ensañamiento. La libertad solo se conquistaría con el filo del machete, había sentenciado un prócer de las gestas independentistas, y tal precepto se hizo realidad en enero de 1959.

Pero, no significó esto la paz para la Isla, pues un caprichoso vecino ha continuado el acoso a través de estos años. Mañana, el día en que celebraremos el 117 aniversario del reinicio de la Guerra Necesaria (como le llamara José Martí), a 90 millas de estas costas estarán conmemorando una fecha muy distinta. Y es que se cumplirán 16 años del derribo por parte de la Fuerza Aérea de Cuba, de dos avionetas pertenecientes a la organización miamense Hermanos al Rescate (HAR). Seguir leyendo Derribo de avionetas de Hermanos al Rescate: El derecho a defendernos (+video)

Bolero y habanera de Silvio Rodríguez, motivo de una reflexión(+video)


Amor en venta

Ayer estaba escuchando una canción de ese gran trovador cubano que es Silvio Rodríguez. La canción en cuestión se titula Bolero y habanera. No es nueva, de hecho, tiene ya sus buenos 25 años, pero prestarle atención a la letra me recordó la razón por la cual ese intérprete es tan reconocido y popular: su vigencia indiscutible.

Después de escucharla unas cuatro veces la copié para traérselas a ustedes hoy (¿Lo ven? siempre estoy pensando en ustedes) y para quienes no entiendan mucho, les hice algunas acotaciones al pie.

Pero pasando a lo que motivaba estas líneas: Silvio habla en su canción de un asunto bastante añejo, que es lo que el escritor Jesús David Curbelo en su libro Cuestiones de tierra y agua llamaba “exilio de portañuela” y no es otra cosa que cuando se busca establecer una relación sentimental con alguien de otro país para salir del propio, método empleado por algunos de mi Isla para salir a buscar mejoras económicas, casi siempre a Europa. Seguir leyendo Bolero y habanera de Silvio Rodríguez, motivo de una reflexión(+video)