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Un café, un teatro, un cabaret…


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Aprovechando el Festival Internacional de Teatro que recién concluyó, me fui a ver una obra que hacía algún tiempo estaba “persiguiendo” pero que en mis constantes viajeteos Habana-Matanzas no había podido atrapar. Mi interés radicaba no solo en el hecho de que se tratara de un grupo de teatro de mi adorada ciudad de los puentes natal (vaya, que la solidaridad provinciana presiona también), sino en que ya varias personas me habían comentado lo original, sui géneris y diferente que eran las propuestas de este grupo, en lo cual quizás influye bastante la juventud de su director.

Y es que El Portazo es eso, una propuesta que viene de la mano de un director muy joven, Pedro Franco, que nos recuerda que el teatro, en esencia, un lugar en el que se pueden, más bien SE DEBEN, romper los códigos más formales en lo que a representaciones se refiere. Y lo digo porque hay quien va al teatro esperando ver una especie de película en vivo, y les chocan entonces esos “excesos” imposibles de ver en televisión, los desnudos fuertes, las escenas más alocadas, el lenguaje menos fino y sin edulcoramientos, que pudiera rayar lo vulgar pero que es, por eso, más cercano a la cotidianidad, a la “verdad verdadera” de una sociedad plena de luces y sombras como lo es la nuestra.  Bueno…a esas personas les recomendaría que nunca fueran a ver obras que no sean aquellas puestas en escena más tradicionales de los clásicos (y que nunca ¡pero nunca! se atrevan a ver una obra, por ejemplo, de Teatro El Público…ni siquiera cuando afirmen haber montado uno de esos clásicos). Seguir leyendo Un café, un teatro, un cabaret…

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El país de la siguaraya


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En mi Cuba nace una mata/ que sin permiso no se puede cortar/ y esa mata es, siguaraya/.

Beny Moré.

“Vivimos en el país de la siguaraya”, esa es una frase común que puede escucharse con cierta regularidad en mi bella Cuba. Mi amigo y admirado colega Charly Morales de vez en cuando lo ha mencionado, incluso tituló a uno de sus geniales escritos Siguaraya City. Y si bien el término siguaraya hace alusión a una planta, en Cuba tiene un significado menos literal, pues las personas suelen exclamarlo cada vez que se encuentran en una situación de esas insólitas que nos hacen recordar lo real maravilloso de que tanto hablara Alejo Carpentier, que nada tiene que ver con el realismo mágico garciamarquiano, por favor no confundir.

Cuba es el lugar donde pasan cosas extremas y a veces risibles, muchas veces propiciado por esa idiosincrasia tan nuestra de reírnos de nuestros problemas, o por nuestra capacidad para complicar lo sencillo con una decisión improvisada, o demasiado meditada como para que pueda resultar certera, y también por esa habilidad innata de resolver los asuntos de la cotidianidad con una imaginación que dejaría fritos y patitiesos a los más célebres innovadores de la Historia de la Humanidad. Solo así se explica que hayamos sido capaces de sobrevivir a los durísimos años del periodo especial (que de especial no tuvo nada, más bien fue horripilante) a pesar de que todas las apuestas en el exterior anunciaban como ganadora la opción de irnos por el tragante. Seguir leyendo El país de la siguaraya