Miradas a los jóvenes desde las ciencias sociales


Foto: Raúl Pupo
Foto: Raúl Pupo

Durante dos jornadas completas la juventud cubana estuvo en el centro del debate de especialistas e investigadores en el Taller Identidad, Cultura y Juventud que organizara el pasado mes el Instituto Cubano de Investigaciones Culturales Juan Marinello junto al Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Los proyectos de vida juveniles, vistos desde la individualidad, acapararon la atención de los debates iniciales tras la afirmación hecha por la Dra. Laura  Domínguez, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, de que resulta imposible proyectarse un futuro si no se posee una identidad personal relativamente estructurada y estable.

«La identidad personal pudiera ser inadecuada por su pobreza de contenido», argumentó. «Hay personas a las que les preguntas “¿cómo eres?” y te responden que nunca se han detenido a pensar en eso. De igual modo podemos encontrar jóvenes universitarios que muestran muy poca elaboración sobre cuál es su ideal profesional o aspiraciones; sus proyectos de vida no están muy estructurados y presentan incertidumbres respecto al futuro. La causa reside en que en nuestra sociedad prima la educación tradicional, centrada en los conocimientos y no en la formación de la personalidad».

Innegablemente, a veces somos poco consecuentes con nuestros sueños y metas, pues nos proponemos mucho pero no nos enfocamos en las acciones para su cumplimiento. Luego, culpamos a los obstáculos externos. Al respecto, señala la especialista que «mayor madurez psicológica posee quien tiene la capacidad de reconocer obstáculos mixtos, comprendiendo también las limitaciones personales, pues no todos tenemos las mismas potencialidades».

Luis Emilio Aybar Toledo, joven investigador del centro Juan Marinello, resaltó entonces su inquietud sobre hasta qué punto los proyectos de vida de las nuevas generaciones superan el plano personal y contemplan metas que impliquen a la sociedad. «La vida en los últimos tiempos ha estado muy marcado por la crisis y, por ello, más centrada en lo material. Se han construido ambiciones y ya no solo se aspira a subsistir, sino a vivir bien», comentó.

Al respecto, la Dra. Domínguez explicó que en los resultados arrojados por las investigaciones, lo contenidos de los proyectos han estado orientados principalmente al estudio, trabajo/profesión, la familia, la satisfacción de necesidades materiales, la recreación y la realización personal. Debido a que dicha investigación comenzó en 1998, en sus inicios no afloró el tema de la emigración, pero si ha ocurrido en los últimos años.

Citó, además, los resultados de una investigación de la Dra. Mara Fuentes, también profesora de la Facultad de Psicología (actualmente retirada),  respecto a cómo se habían producido las orientaciones de los grupos al concluir el Periodo Especial: «Encontró que ya no era hacia el proyecto social colectivo, sino que eran más individualistas. Fenómeno que, en lugar de frenar, en mi opinión hemos fomentado, por citar ejemplos, mediante jabas de la shopping que rezan “Lo mío primero” o programas de televisión donde te enseñan que “Lo que te den, cógelo”. Se ha globalizado una ética que nos convoca al hedonismo, que nos dice “sálvate tú, vamos a vivir el presente y olvídate del futuro”.

«Creo que es muy difícil pedirle a las personas que no tengan una concepción individualista en una sociedad en la cual existen sectores con niveles de acceso muy diferentes, y donde el salario no alcanza a satisfacer necesidades elementales».

Al respecto, la Dra. Elaine Morales Chuco, investigadora del centro Juan Marinello, afirmó que «existe una profundización de la heterogeneidad social en la Cuba de hoy, lo cual incide también sobre los jóvenes, pues aquellos que valoran su situación económica como difícil, reconocen que, de algún modo, han sentido rechazo».

La marginación de una situación económica de mayor pobreza conlleva un simbolismo histórico pero, en la situación actual, también significa acceder o no a determinados productos o servicios, algo que se refleja en otro elemento distintivo y que ellos reconocen como origen de ese rechazo: la apariencia y manera de vestir.

«En estudios realizados con jóvenes de algunos barrios marginales de la capital, ellos fueron capaces de reconocer la existencia de una conexión entre sus características socioeconómicas-demográficas, que los coloca en desventaja con los de otros lugares. Señalan el hecho de que viven en mejores casas o que pueden vestirse de determinada manera, en una comparación que nos da la medida de cómo su identidad se va construyendo desde lo externo a lo interno y viceversa».

Sobre las influencias de la situación socioeconómica y demográfica de los jóvenes también se expresó la Máster en Psicología Annia Almeyda, profesora de la facultad de dicha especialidad de la Universidad de La Habana, quien resaltó que, aunque la universidad sigue siendo legalmente accesible para todos por igual, en la actualidad se ha convertido en un espacio de exclusión, pues sus investigaciones demuestran que tienen mayor probabilidad de estudiar allí quienes residen en municipios no periféricos, poseen piel blanca y proceden de un entorno familiar donde ya existen personas con estudios superiores. «De igual modo, incide la solvencia económica que permita el sostén de ese joven durante el tiempo de duración de la carrera e, incluso, la posibilidad de comprar una laptop o computadora, ya que mucha de la bibliografía necesaria se encuentra en formato digital».

Se ha observado que, a medida que disminuye el nivel socioeconómico, lo hace también la expectativa de acceder a la universidad, mientras se eleva la necesidad de combinar estudio y trabajo.

«En las expectativas de los jóvenes, el ingreso a la universidad sigue siendo una meta, pero se ha elevado la aspiración de combinar dichos estudios con el trabajo, algo que en generaciones anteriores era impensable, pero posible hoy ante la ampliación de oportunidades a partir del trabajo por cuenta propia, que presenta condiciones más flexibles que el sector estatal», señaló.

«Tiene mucha incidencia la aspiración no solo de satisfacer necesidades materiales básicas sino también el tener acceso a niveles de consumo que los padres no pueden solventar».

Una inquietud queda expuesta: ¿Están entonces en desventaja los estudiantes que trabajan? En la actualidad, la Educación Superior se enfrenta a este y otros retos, pues sus mecanismos (como el control del porcentaje de asistencia) continúan siendo los mismos y no contemplan e cambiante panorama de la realidad social cubana.

A otra desventaja enfrentada por los jóvenes, (no solo estudiantes), que deciden transitar el sendero del cuentapropismo hizo referencia la Dra. Daybel Pañellas, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. «Estamos observando que, bajo el criterio comparativo de que ganarían mucho menos en empleos estatales, están aceptando una relación de subordinación y explotación por sus empleadores, en el sentido de que no les importa demasiado que la remuneración no se corresponda con el trabajo realizado siempre y cuando esta sea, por contraste, superior a las normas estatales vigentes».

Por su parte, la Dra. Elaine Morales criticó el hecho de que tradicionalmente se etiquete a los jóvenes de dos maneras fundamentales. La primera, como fieles exponentes del consumismo, acomodados y dependientes “hijos de papá”; y otra como capaces de involucrarse en actividades de cualquier tipo con tal de obtener determinados beneficios económicos.

«Tenemos, además, el elemento axiológico, pues aunque no nos acabamos de poner de acuerdo sobre si hay o no crisis de valores en Cuba, lo cierto es que en la práctica existen una serie de comportamientos y expresiones sociales que indican que los valores que priman hoy no son los mismos de otros momentos o no se expresan de igual manera. Y en ese sentido, miramos a los jóvenes también de manera dicotómica: los exponemos como puros, asépticos, portadores de lo mejor de la sociedad cubana y alejado de esa realidad critica; o los colocamos en el otro extremo, comparándolos con generaciones anteriores para luego afirmar que la juventud actual carece de valores que sí tenían aquellas.

Un último elemento resaltado por la especialista, que está presente en numerosas investigaciones sobre los jóvenes, es el sociopolítico. «Estamos sin dudas en presencia de un debilitamiento de los procesos de participación social y política en el país por disimiles razones. Y, tendemos por una parte, a ver a la juventud como continuidad absoluta del proceso revolucionario cubano y otras veces la tildamos de apática, apolítica y desinteresada por nuestro proyecto social.

«Creo que adolecen de severas limitaciones estas valoraciones dicotómicas que habitualmente hacemos de los jóvenes no solo desde los medios de comunicación sino también desde las ciencias sociales al hacer nuestros análisis. Esto trae como consecuencia que les adjudicamos responsabilidades sociodemográficas como la baja fecundidad, las migraciones interna y externa, entre otras en las cuales sin dudas están involucrados, pero son fenómenos que los trascienden y cuyas causas deben buscarse en su entorno social. No podemos etiquetar tan pobremente a nuestra población juvenil, que tiene la suficiente capacidad crítica para darse cuenta de los modos en que la estamos mirando», concluyó.

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