¿El autismo viene en la mochila de Dora la exploradora?


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En el verano, tras una de las emisiones del popular programa televisivo Pasaje a lo desconocido, algunos padres se preocuparon y hasta asustaron. En aquella ocasión, el documental seleccionado abordaba el tema del autismo, y gran parte del debate inicial del presentador Reinaldo Taladrid con sus invitados se refirió a las posibles consecuencias para los niños del uso de la tecnología.

En los medios de comunicación se aborda con frecuencia el problema de las adicciones a sustancias tóxicas como el alcohol, las drogas, la nicotina. ¿Estamos acaso en presencia de una era de nuevas adiciones? No es secreto hoy que numerosas personas recelan de los frutos del desarrollo tecnológico con que convivimos en la actualidad. Pero ¿será, entonces, la prohibición de su uso el remedio apropiado? ¿Cuánto nos afectan realmente la televisión, los videojuegos o las redes sociales que se establecen en el mundo digital?

Desmontando un error

«“¿Pueden demasiadas horas frente al televisor convertir en autista a mi hijo?”, fue la pregunta con que varias madres comenzaron a acudir a consultas de psicología tras la salida al aire del referido documental de Pasaje a lo desconocido», nos cuenta la Máster en Psicología Clínica Roxanne Castellanos Cabrera, profesora de la Facultad de Psicología. «Y la respuesta es rotundamente NO»,  aclara.

Máster en Psicología Clínica Roxanne Castellanos.
Máster en Psicología Clínica Roxanne Castellanos.

«El autismo, o síndrome del espectro autístico, como se le reconoce en la actualidad, básicamente afecta el interés social y la capacidad para la interacción con los demás, algo que debe desarrollarse en un niño desde su nacimiento. A partir de los 2 o 3 años de edad es que comienzan a apreciarse sus manifestaciones.

Entre los síntomas apreciables puede mencionarse la afectación del lenguaje, que resulta eminentemente  una herramienta para la comunicación, de modo que el autista por lo general emplea un lenguaje que se construye él mismo, y no le interesa hacerse entender. También se encuentran los balanceos, manerismos motores y estereotipias (movimientos sin fines prácticos o repetitivos), así como la incapacidad para el correcto uso social de los objetos. «Por ejemplo, si un niño de dos años sabe que un camioncito imita a un camión real y por ende lo arrastra; el autista, como no le importa el contenido social reflejado en ese objeto, lo que hace es entretenerse con el movimiento mecánico de la ruedita, o pasárselo por la cabeza».

El origen de este trastorno no se encuentra aún determinado, pero se conoce que posee un componente biológico, lo cual indica que genéticamente el individuo debe estar condicionado y predispuesto a padecerlo.

El hombre tiene, por esencia, una naturaleza social. De ahí que, no solo el componente biológico sea decisivo. Existen historias de niños criados fuera del contexto humano que, cuando los encuentran, se hallan en estado salvaje y luego no logran alcanzar el desarrollo que correspondería a su edad. Aunque algunos pudieran poner en duda la veracidad de tales casos, lo que nadie cuestiona es que somos seres humanos a partir del contacto con el otro, y esta deviene en condición imprescindible para nuestro desarrollo desde la propia infancia, donde juega un rol fundamental la familia.

«Desde el nacimiento, el bebé requiere de estimulación para el  desarrollo de sus procesos psicológicos, tanto cognoscitivos (aprendizaje) como emocionales. Por tanto, abandonarlo en la cuna y limitarse a alimentarlo y asearlo, a la larga derivaría en afectaciones equivalentes a largas horas frente al televisor».

La estimulación social inicial comienza con arrullos, canciones y juegos. A medida que el infante crece, se va ajustando el tipo de actividad requerida, según nos explica la especialista.

Apenas desde que pueden sentarse, algunas madres colocan al bebé frente al televisor
Apenas desde que pueden sentarse, algunas madres colocan al bebé frente al televisor

«Hoy encontramos madres que, apenas desde que el bebé se puede sentar, lo ponen a ver dibujos animados. Claro, están diseñados para captar la atención, pero eso no lo califica como estimulación. Luego, cuando comienzan las afectaciones en el desarrollo, los síntomas confunden y hacen sospechar a los psicólogos de un posible trastorno autista, por la similitud de sus características. Pero en estos niños, su fallo en el desarrollo social no viene condicionado biológicamente, de modo que en cuanto se retira el exceso de tecnología y se enfatiza el soporte social, toda esa sintomatología empieza a desaparecer y se muestra una recuperación. En cambio, en el niño autista, por más que se refuerce esta dinámica, jamás va a alcanzar la normalidad».

¿Guerra avisada?

¿Cuál sería entonces la solución recomendable? ¿Deberemos acaso declararle la guerra a las tecnologías y prohibir a los niños ver la televisión? Al menos esa ha sido la decisión de los más extremistas, temerosos de que la “caja mágica” de entretenimientos termine por propiciar daños irreversibles a sus vástagos.

«Cuando escuchan hablar de este autismo “sobreimpuesto”, muchos eligen eliminar por completo la televisión. Pienso que tampoco debe ser así, pues negar el desarrollo tecnológico alcanzado por la Humanidad no es lo indicado. Usada racionalmente, puede resultar un mecanismo de influencias educativas y aprendizaje. De igual manera, existen muy buenos programas de computación que potencian el desarrollo de lenguaje y pensamiento a través de juegos».

El adulto debe acompañar al niño y mediar en su consumo tecnológico a través de la interacción, para solucionar cualquier preocupación o duda que pueda surgirle. Lo esencial es la selección correcta del animado o videojuego, teniendo en cuenta que se ajuste a la edad del infante.  Lo otro que no debe perderse de vista es que esta actividad no debe extenderse por mucho tiempo.  La tecnología no debe servir como excusa para que el adulto disponga de mayor tiempo libre.

Y, aunque pueda parecer cliché la frase, la especialista nos señala que todo en exceso es dañino: «Puede ocurrir lo contrario, que el niño solamente juegue en actividades físicas y, cuando llega a la etapa de escolarización,  no está preparado para ella porque nunca se ha concentrado por periodos largos en nada.  La televisión, por ejemplo, aunque solo sea por diez minutos, estimula la concentración de la atención. También ayudan otras actividades organizadas como el dibujo, la construcción con bloques, etc.»

Dora la exploradora es una de los dibujos animados que algunos padres consideran instructivos
Dora la exploradora es una de los dibujos animados que algunos padres consideran instructivos

Lo que trae Dora en su mochila

¿Cuántas veces ha escuchado a algún orgulloso progenitor presumir sobre cuánto ha aprendido su hijo con “instructivos” muñes al estilo de Dora la Exploradora, Diego o La Casa de Mickey Mouse?

«Muchas veces se piensa que animados de ese estilo potencian el aprendizaje de los niños. Mi opinión como psicóloga es que estos programas tienen un lenguaje poco natural, muy mecánico, estereotipado y repetitivo; algo que puede condicionar más problemáticas que beneficios», asegura Roxanne.

«Otros, en cambio, basadas en imágenes grandes y coloridas, con un lenguaje coloquial donde los personajes dialogan de manera interactiva; ayudan más al conocimiento de formas básicas y otras cuestiones que corresponden a los niños pequeños. Ejemplo de ello es la serie de animación española Pocoyó. Pero incluso aunque sea el muñe más instructivo del mundo, el televisor nunca sustituirá el imprescindible papel educativo de la familia», acota.

«No recomiendo negar el desarrollo tecnológico, si lo hiciera, pocos seguirían semejante consejo. Por ende, lo óptimo es educar en su uso racional. Hasta los dos años del niño, la televisión debe usarse con mucho control, y si puede prescindirse de ella, pues mejor ya que se trata de la edad de mayor susceptibilidad. A partir de los 3 años, con las indicaciones antes mencionadas, los riesgos resultan menores».

La jaula tecnológica y la barrera social

¿Y qué sucede cuando ya no eres un bebé? ¿Qué peligros entraña el uso de la tecnología una vez superados los peligros de sufrir las afectaciones que semejan el autismo?

Al respecto nos explica Roxanne que ya en edad escolar existen otras complicaciones, y una muy común es el empleo de la tecnología para negar la socialización del niño.

Es un error usar la televisión para aislar socialmente al niño
Es un error usar la televisión para aislar socialmente al niño

«Encontramos padres que, alegando protegerlos de los peligros de la calle o los malos modales de los demás niños del barrio, dejan al suyo encapsulado en casa, donde hace sus tareas y luego se entretiene exclusivamente con muñes o videojuegos. Ello redundará a la larga en un muchacho vulnerable, sin independencia ni habilidades sociales, lo cual puede conllevar a dificultades para la adaptación escolar, ocasionar que rechace el contacto con los demás y prefiera mantenerse apartado de las actividades de su grupo.

«Aunque pueda parecer poco importante, en realidad son consecuencias muy serias. A partir de ahí, puede ser muy frío en sus relaciones, insensible a las problemáticas ajenas, a incluso perder el interés por la vida. Pueden aparecer problemáticas que los padres ni se imaginan», advierte.

Por otro lado, existen los denominados niños “agenda completa”, a los cuales los padres les planifican con meticulosidad sus actividades extracurriculares: clases de idioma, computación, repasadora, baile, piano, etc.

«Tales actividades tienen como objetivo formar, complementar, hacer una educación multifacética y mantenerlo ocupado “productivamente”. En ellas el niño no está socializando porque no están diseñadas para ello, al contrario: tienen un maestro que orienta lo que deben hacer, y si debido a su gran necesidad de socializar ese niño conversa con el de al lado, lo regañan por indisciplinado. Semejantes agendas no pueden ser impuestas, deben contemplar los intereses del niño, y dejar tiempo a la socialización y el juego».

La sociedad moderna sigue ponderando la inteligencia tradicional, alentando la ampliación y diversificación de las capacidades intelectuales. Sin embargo, pocos se plantean cómo propiciar una buena educación emocional, potenciar la autoestima, enseñar a tolerar las frustraciones, resolver problemas de la cotidianidad con asertividad. «Esa inteligencia emocional la familia a veces ni comprende que resulta más importante: una persona con inteligencia emocional tiene mayor éxito y felicidad. En cambio otros, con mucho talento, pueden ser totalmente idiotas en las relaciones humanas».

A medida que las sociedades se informatizan, la dependencia a las diferentes plataformas de la web se va haciendo más y más evidente. En la actualidad otro fenómeno atrapa a las nuevas generaciones: las redes sociales.

Cómo cambió nuestra infancia
Cómo cambió nuestra infancia

Fuera de Cuba, país en el que por el momento la penetración de Internet sigue resultando limitada, comienzan a llamar la atención los comportamientos de muchachos que apenas levantan la vista de sus teléfonos inteligentes y demás dispositivos, mediante los cuales permanecen “conectados” con sus semejantes mientras ignoran lo que sucede a su alrededor. ¿Será que estas redes sociales nos aíslan más de lo que nos acercan a nuestros semejantes? ¿Se convierten realmente en una adicción?

«Negar o desechar las redes sociales no me parece lógico. Se establecen con ellas lazos de apoyo que resultan beneficiosas para las personas, sobre todo para los jóvenes pues propician el contacto con quienes no se encuentran cerca, ya sean amigos o familiares, con accesibilidad e inmediatez mayores que las de un correo electrónico o carta tradicional», argumenta la especialista.

« ¿Cuándo comienza el problema? Pues justo en el momento en que solamente se emplea esa vía para interactuar con los demás, rechazando la vía directa, con toda la riqueza que tiene y que ningún chat puede suplir. Y se empieza a volver una obsesión para ese adolescente o joven el pasar tiempo dentro de la red mientras deja de disfrutar el mundo que lo rodea. Como mismo ocurre con la televisión y los videojuegos, todo depende de para qué y por cuánto tiempo se use», acota.

Las redes sociales tienen capacidad para entretener, “enganchar”… pero mientras uno sea capaz de autorregularse y limitarlo, no representa peligro y se convierte en fuente de buenas experiencias. «Lo que no puede ocurrir es que se abandonen las actividades cotidianas, se restrinjan los intereses normales de la persona y se pierda el control.

A esta adicción son susceptible niños, jóvenes e incluso adultos, pero aún más los primeros por pertenecer a una generación que ha crecido con esta tecnología y es, por tanto, la que más ha recibido su impacto y mejor se desenvuelve con ella.

«Lo que pasa es que en este momento existe una brecha entre generaciones, y resulta menos probable que un adulto sucumba a tal adicción. Pero los niños y jóvenes de hoy, serán los adultos de mañana y crecerán con esa subjetividad.  El uso excesivo de la tecnología conduce a un ser humano individualista y egoísta; una persona ensimismada, que empieza a mostrar desinterés hacia los otros. Por ahí pueden venir luego las psicopatías, las tendencias sociópatas. La falta de contacto con los demás crea una subjetividad que puede llegar a ser patológica.

«Y ese, lamentablemente, pudiera ser el futuro que nos espera si no aprendemos a hacer un uso racional que siga dignificando la esencia del ser humano y enalteciéndonos como especie. No podemos permitir que la tecnología, hecha para facilitarnos la vida, nos impida continuar actuando como seres sociales», concluye.

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