Los CDR y la juventud… ¿crisis a la vista?


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Foto: Juventud Rebelde

Gestados en plena efervescencia revolucionaria, justo cuando Cuba se sumergía en un periodo de grandes cambios, los Comités de Defensa de la Revolución cumplieron un papel esencial en la salvaguarda de un proyecto político, económico y social nunca antes visto en el continente.

Medio siglo más tarde algunos se cuestionan si la modificación de las causas que propiciaron su surgimiento, determinan también la obsolescencia de la mayor organización de masas de la Isla.

El matancero Juan Carlos Montano Pérez, ingeniero informático de 26 años, comenta al respecto: «No recuerdo cuál fue la última actividad que hicimos en el barrio y eso es algo triste porque mi generación creció recogiendo materias primas, participando en las actividades por el 26 de julio y el 28 de septiembre, en las guardias pioneriles… Ahora poco de eso se hace.

«Mis padres —narra— ocuparon cargos en el CDR por unos 15 años. Debido a  problemas familiares y de salud hace algún tiempo que ya no pueden y necesitan ser reemplazados pero como por esa responsabilidad no te pagan y debes dedicarle tiempo después del trabajo, resulta que ahora nadie está dispuesto».

A pesar de esta suerte de tradición familiar, tampoco él ha dado el paso al frente. «Yo también he presentado problemas de salud. Además, no puede ser que solamente nosotros intentemos hacer cosas por la cuadra si vivimos en un edificio multifamiliar», justifica.

Otro tanto opina Mabel Duarte Poey, socióloga de 26 años para quien «algunos jóvenes parecen no comprender la importancia de los CDR a no ser que necesiten una verificación para el centro de trabajo. Quizás porque no vivieron las circunstancias por las que se crearon y, además, no se les incorporó debidamente en su funcionamiento».

 Hace seis años que ella es en el barrio de La Vívora, en La Habana, lo que aquí llamamos “la ideológica” del CDR y desde los 18 se ocupa también de las tareas de la Federación de Mujeres Cubanas en la localidad.

Por eso, con propiedad, sentencia que «No puedes hablar con los vecinos solo para darles tareas» pues eso provoca reacciones parecidas a las de cuando ella intentó revertir la apatía de sus vecinos ante la necesidad de más activismo y propuso conversar en la comunidad sobre el cólera y el dengue.

«Al inicio hubo mucho embullo, pero decayó. Lo mismo ocurrió con El plan de la calle y la pequeña biblioteca que creamos en un local vacío. El cubano para todo lo que sea cumbancha ahí está, pero no para respaldar otras funciones atribuidas al CDR. Resulta difícil movilizar a las personas. Por ejemplo,  les entregas la citación a las reuniones y luego a la hora fijada debes ir casa por casa para que asistan», dice.

«Algunos jóvenes parecen no comprender la importancia de los CDR, quizás porque no vivieron las circunstancias que propiciaron su surgimiento», opina Mabel. 

Sin perder la brújula

Los CDR se fundaron el 28 de septiembre de 1960, cuando casi un millón de personas, reunidas frente al antiguo Palacio Presidencial —hoy Museo de la Revolución—, acordaron establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva cuyo objetivo era enfrentar la contrarrevolución desde cada cuadra y movilizar a la ciudadanía en torno en las iniciativas del naciente Gobierno.

 « (…) vamos a implantar frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria… porque si creen que van a poder con el pueblo ¡Tremendo chasco se van a llevar!…, para que cuando vean que una masa de pueblo se organiza, no hay imperialismo, ni lacayos de los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que puedan moverse…», dijo el Comandante en Jefe Fidel Castro ese día.

Han pasado 54 años del histórico nacimiento y — aunque todavía para ingresar   solo se deba ser revolucionario, cubano, mayor de 14 años y una persona ética— no son pocos los cuestionamientos que caen cual avalancha sobre su funcionamiento. Entre ellos están los formalismos y la credibilidad dolida que laceran la confianza de la juventud en la organización.

En entrevista a Luis Gómez Suárez, investigador del Centro de Estudios Sobre la Juventud (CESJ), él explicaba que «Por varios años [aquí] se interpretó la participación sociopolítica desde el punto de vista de la movilización y la incorporación de los jóvenes y la población en general a tareas decididas y convocadas por las altas instancias», y que, aunque esta es una forma de participación válida denominada «ejecutiva», su predominio afectó la relación de los menores de 35 años no solo con los CDR, sino además con las organizaciones y movimientos juveniles.

 Desde la experiencia otorgada por sus investigaciones sobre el tema opina que lo necesario ahora es ponderar «la toma de decisiones, el empoderamiento y la cesión de cuotas de poder a los jóvenes para que decidan de forma directa, o indirecta a través de sus representantes, pero con efectividad».

En busca de la visión al interior de los CDR, dialogué con Orestes Llanes Mestre, su Vicecoordinador Nacional, quien cataloga la estructura de «versátil» porque ha jugado diferentes roles de acuerdo con las características de la sociedad cubana y también el momento histórico.

¿Coincide con la idea de que se ha perdido protagonismo? ¿Se maneja todavía el mismo concepto de «guardia» de hace medio siglo atrás? ¿Participa la juventud en las actividades cederistas?, le pregunté. Y Llanes Mestre respondió.

 «Aprendimos de Fidel y Raúl que una organización que no le preste atención a su relevo, está sentenciada a muerte», explica Orestes Llanes, Vicecoordinador Nacional de los CDR. 

Dijo que, durante el VIII Congreso de la organización, se acordó que cada zona del país evaluara el tipo de guardia que necesitaba y decidiera si le hacía falta o no, pues con la madurez de la PNR y la existencia de cuerpos especializados de protección y sofisticados sistemas de alarma ya no eran tan necesarias como en los tiempos fundacionales, aunque  la vigilancia colectiva sí debe ser permanente para detectar ilegalidades o indisciplinas.

— A menos que se trate de actos directamente en contra de la Revolución, el proceder ante cualquier hecho objetable es hablar con el vecino y su familia, persuadirlo de apartarse de la actividad ilícita y tratar de educarlo. Si persiste en el error, entonces habría que llevarlo a otros niveles de análisis con el jefe de sector y, en última instancia, hacer la denuncia, explica.

 Sobre la juventud comentó que no se ha logrado su participación masiva en las actividades y que durante mucho tiempo «al cumplir los 14 años les hacíamos el acto de ingreso, decíamos “ya eres cederista” y al otro día le cobrábamos la cotización. Cuando arribaba a los 16 le informábamos que podía donar sangre y realizar la guardia, pero no hacíamos nada más con él. Y no puede ser que cada vez que convoquemos a los jóvenes  sea para un trabajo voluntario o donar sangre».

También, dice, incide la tolerancia familiar pues no pocos padres justifican las ausencias de sus hijos en vez de incentivar su colaboración con el barrio, y desmotiva a las nuevas generaciones la resistencia de los mayores a «ceder las riendas», dándoles oportunidades para realizar fiestas y actividades que se parezcan a ellos y su carácter dinámico y atractivo.

— Hemos creado, para revertir la situación, la Secretaría de deporte, cultura y recreación, a la cual corresponderá la preparación de festivales deportivos y de aficionados, entre otras actividades de interés del universo juvenil. Y hace aproximadamente dos años emprendimos una profunda colaboración con la FEU con  buenos resultados. Porque no es lo mismo que un adulto convoque al enfrentamiento de las indisciplinas a que lo haga un joven, alguien con quien las nuevas generaciones pueden identificarse más, alega.

Actualmente el promedio de edad de los más de 130 mil donantes voluntarios de sangre que acuden desde los CDR no rebasa los 40 años y el 39,6 por ciento de las estructuras de base y zonas de la organización son dirigidas por jóvenes.

«Es cierto que no se trata de la generalidad, y que en algunos CDR se respira apatía. Pero creo que si ellos no participan más es porque no los hemos sabido conducir. Y estamos a tiempo de corregirlo. Hemos aprendido de Fidel y Raúl que una organización que no le preste atención a su relevo, está sentenciada a muerte, de ahí que el trabajo con las nuevas generaciones resulte primordial para nosotros», concluyó.

Tareas pendientes quedan varias a los CDR. La más importante será precisamente el rescate del sector juvenil, en especial ahora que las nuevas generaciones están llamadas a asumir el liderazgo revolucionario y   las organizaciones a ser protagonistas mucho más fuertes en la vida del país.

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2 pensamientos en “Los CDR y la juventud… ¿crisis a la vista?”

  1. Los CDR, por favor. Ingratos recuerdos. Esa organizacion maquiavelica de vigilancia y control todavia existe?

    Cuando compre casa aqui busque una sin HOA (home owner association). LAs HOA no te vigilan como los CDR cubanos, y tampoco te delatan si tienes una visita de un extranjero (como nos hizo a nosotros el jefe del CDR cuando vivia en Cuba y llego el MININT a preguntarle a mi suegra si estabamos alquilando) y por supuesto nadie les va a preguntar por tu afiliacion politica cuando buscas trabajo; pero los HOA se meten en ciertas cosas de tu propiedad y se reunen. Ni loca.
    Y usualmente la directiva de los HOA es del mismo material humano de los presidentes de los CDR, gente con ganas de mandar aunque sea a cuatro gatos. Y como los CDR hay que hasta pagarle cuotas.
    Solavaya la lechuza, si yo sali de Cuba entre otras cosas huyendo de las organizaciones de masa.

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