Abuso escolar: ¿problema invisible?


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El corto cubano de ficción Camionero dio mucho de qué hablar hace un par de años por explotar una arista poco tratada de la sociedad cubana y en especial de la vida de los más jóvenes.  Su argumento nos cuenta la historia de Randy, un adolescente que sufre abusos por parte de sus compañeros en un preuniversitario interno en el campo, hasta que, desesperado, termina por cometer suicidio.

Muchos de los que vieron el corto aseguraron que la obra era un retrato fiel de la cara oculta de las escuelas internas, que se trataba de la historia no contada de estos centros.

«En nuestro país el fenómeno del bullying no es tan excepcional como se piensa. Si no lo abordamos a tiempo puede convertirse en la normativa. Entonces será más difícil de frenar», aseguraba el Dr. Julio César González Pagés en un encuentro desarrollado por la Red Iberamericana y Africana de Masculinidades el pasado año en La Habana.

Sin embargo, un estudio realizado por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación de la Universidad Alberto Hurtado en Chile titulado América Latina: violencia entre estudiantes y desempeño escolar, realizado en 2011 por el profesor Javier Murillo y la antropóloga chilena Marcela Román, reveló que Cuba es el país con la menor tasa de estudiantes que admitieron haber sido golpeados recientemente,  al ser solo el 4,4 por ciento de los entrevistados.

El estudio se basó en datos recogidos por la UNESCO entre 2005 y 2009 en 16 países latinoamericanos, entre los que se incluyó Cuba.

 «En general, en todos los países, salvo Cuba, la mitad de los niños reconocen haber sido víctimas de acoso escolar, un porcentaje que sube cuando preguntas si han sido testigos. La interpretación desde la antropología y la psicología es que siempre resulta más fácil mirar en otro y no reconocer que uno es también víctima», precisó Román en una entrevista para IPS.

Este tipo de violencia escolar se caracteriza por una reiteración encaminada a conseguir la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte (ya sea esta fortaleza real o percibida subjetivamente).

 El sujeto maltratado queda expuesto física y emocionalmente ante el maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas: es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio e incluso su materialización.

El papel del maestro es vital

María Alonso es profesora desde 1978. Durante alrededor de 30 años ha impartido clases en la enseñanza preuniversitaria de régimen interno, popularmente conocido bajo la denominación de “Pre becado”.

«He tenido oportunidad de toparme con muchos fenómenos comunes en esa etapa de la vida de los adolescentes, entre ellos el abuso escolar. Por lo general lo realizan muchachos que de algún modo se convierten en líderes de grupo. Entre ellos está el que se crió en un medio donde era esa la forma de supervivencia pues puede que provenga de una familia donde es abusado y solo ve como opción el uso de la fuerza. Hay otros que son abusados por muchachos de su zona de residencia y en el centro escolar se hacen los “guapos” e  intentan dominar a los demás.

«Es entonces que trajinan y molestan  a los más débiles, a los homosexuales, los tímidos, a los que nunca han estado becados, los que han sido sobreprotegidos por la familia o no los han enseñado a valerse por sí mismos. Se burlan de ellos, los gobiernan y los obligan a que les hagan las tareas. Si se trata de una beca los llegan a forzar a lavarles la ropa, les quitan la comida y pueden incluso golpearlos. Es más común que esto suceda entre varones.

«En un aula de 30 estudiantes hay 30 caracteres diferentes. Puedes encontrar al estudioso, el gracioso, el distraído, el rebelde, etc. Es responsabilidad del maestro conocerlos, diferenciar sus características y lograr el equilibrio del grupo atrayendo a los de actitudes negativas y modificando su conducta desde la profesionalidad.

«En el caso de los abusadores, el procedimiento habitual es conversar y convencerlos, sin amenazas ni malos tratos, de lo incorrecto de su actuar. Por lo general no son malos muchachos y pueden cambiar, pero eso depende del maestro, que debe tener mucha visión y saber aplicar las habilidades de la psicología y pedagogía aprendidas durante la carrera.

«Por eso pienso que el educador debe establecer lazos de confianza con sus estudiantes, claro está que sin borrar los límites necesarios pues ellos nunca deben perder el respeto hacia el profesor, que tampoco debe permitir excesos de confianza.

«Este año tuve el caso de un muchacho nuevo, muy calladito y sobreprotegido por los padres, en especial la madre que siempre está pendiente de él. No sabía cómo adentrarse en el grupo y los líderes del aula le estaban haciendo la vida muy difícil. Lo que hice fue llamarlos por separado y conversar con ellos, les pedí que lo ayudaran, les hice ver que no les gustaría que los trataran así, etc. Logré que modificaran su trato hacia el muchacho y ahora son sus amigos.»

¿Volver a vivir? ¡No, gracias!

No quiere hacer público su nombre porque, aunque han pasado más de diez años, aún le avergüenza hablar sobre el asunto; así que le llamaremos Diana. Ya es una adulta, tiene 30 años y dos hijos pequeños. Como profesión eligió precisamente el magisterio pero nadie sospecharía que, durante su etapa de Preuniversitario, fue víctima del abuso y la burla de sus compañeros de aula.

«Se reían de mi tono de voz, que es un poco agudo, y de que gagueaba ligeramente al hablar. Yo no les hacía mucho caso, porque no iba a permitir que me amargaran la vida con sus bromas crueles, pero sí reconozco que hubo momentos en que me hicieron sentir muy mal. Prefería estar sola ya que no me sentía parte del grupo.

«Durante tres años soporté las burlas pero otras personas llevaron peor parte. A una de mis compañeras la ignoraban por completo, supuestamente también como “chiste”, pero en realidad todo comenzó a raíz de una discusión que ella tuvo con uno de los chicos líderes del aula. Si ella se intentaba comunicar con el grupo, alguien saltaba “¿Escucharon algo? ¡Yo creo que fue el fantasma!” y todos se reían. A la “quemadora” del aula también la molestaban porque era muy quisquillosa y preocupada con los estudios, simplemente porque no era como ellos, que se divertían y participaban en las fiestas de recreación los jueves por la noche.

«Los líderes casi siempre eran los graciosos y divertidos, los más inteligentes y populares. Ellos nos despreciaban y minimizaban, en cierto modo nos excluían. Por suerte el Pre es solo una etapa y todo eso quedó atrás al graduarnos. Hay quien quisiera volver a vivir esos años. Yo no.»

Para reconocer el abuso

 Estadísticamente, el tipo de violencia predominante es el emocional. De ahí que esta sea mucho más difícil de detectar en el ambiente escolar y pudiera entonces llegarse a la apresurada conclusión de que tal fenómeno no sucede en nuestro país, sin embargo seríamos capaces de reconocerla profundizando en sus distintas manifestaciones.

Infografía de BullyingInfografía: Rouslyn Navia Jordán

El sitio Wikipedia nos brinda algunos consejos para evitar el abuso escolar:

1-Padres con hijos víctimas de acoso escolar

Observe al niño, escuche y dialogue, siempre mantenga la calma, En caso de ser víctima, dígale que no es culpable, refuerce su autoestima y comunique la situación al colegio, también dele la oportunidad de ampliar su círculo de amigos, mantenga una buena comunicación basada en la confianza. Recomendaciones a dar a su hijo: No responder a las agresiones,

2-Profesores con alumnos víctimas o acosadores

Para la prevención del acoso escolar es necesaria la implicación y participación de toda la comunidad y el diálogo con los niños y las familias. Fomentar la empatía y cohesión entre compañeros y las relaciones basadas en la solidaridad y el respeto mutuo. No se debe ocultar lo que sucede, ante estas situaciones, sea asertivo. No minimizar la gravedad de las agresiones, observe de manera sistemática al niño en todos los espacios intentando actuar lo más inmediatamente posible, haciendo intervenciones individuales con las personas involucradas, las víctimas, los agresores y los observadores, no haga de mediador, debido a que siendo una situación en la que existe un desequilibrio de poder, criticar a uno u otro, puede acrecentar la intimidación y provocar resentimiento. Intervenga con todo el grupo para que las actitudes y conductas negativas sean rechazadas por todos. Respete el derecho del niño o la niña a elegir la persona a quien desee contarle el problema, es importante que haya una persona de referencia y que no se le pida que cuente varias veces lo que le sucede para evitar la revictimización.

3-Alumnos, tanto la víctima, acosador y observador

  • Si observas un caso de acoso escolar: Puede que sientas miedo o rechazo ante esa situación, si ves que tú solo no puedes ponerle freno o detenerlo, pide ayuda a un adulto. Esto no es delatar, es ser solidario con quien lo necesita. Se tiene que apoyar al compañero que está siendo acosado, ya que nadie merece que le traten mal.
  • Si agredes, pegas o incomodas a un compañero: Pregúntate: “¿Qué es lo que me sucede?, ¿por qué me hace gracia o me siento más fuerte cuando molesto a otras personas?”, y piensa cómo se debe sentir la persona a la que le estás haciendo daño .Tienes que hablar de este comportamiento con un adulto, alguien que te escuche y te ayude. Tienes que controlar tus emociones para que éstas no te controlen a ti. La violencia no es una buena manera de responder ante las situaciones que te disgustan o te provocan enfado. Cuando esto suceda, aléjate físicamente de la persona con la que te sientas violento, respira profundamente varias veces e imagina que la rabia se vuelve un papel y lo tiras a la papelera.
  • Si un compañero o compañera te hace daño con frecuencia: Es posible que te sientas triste, temeroso, avergonzado y culpable, porque sufres una situación injusta. No guardes el secreto y no te lo calles. Contarlo no es delatar, es exigir el respeto que todos merecemos, cuéntale a tus padres o algún adulto de confianza pero también es importante que lo cuentes en la escuela. Mientras se soluciona procura no estar solo y evita situaciones o lugares que puedan ser arriesgados y no respondas de la misma manera, es decir agrediendo, en el momento en el que te hagan daño crea un escudo imaginario a tu alrededor que te proteja. Todo lo que te están diciendo rebota en el escudo como una pelota. Respira y piensa que eres fuerte, recordando que todos tenemos derecho a ser protegidos contra cualquier forma de violencia y a ser tratados con respeto.
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