¡Lúcete con un piropo, por favor!


Foto: Kaloian
Foto: Kaloian

Cuba, dicen algunos, es un país «caliente», tanto en lo referido a su clima, típico de una Isla ubicada en el Trópico, bien cerquita de la zona ecuatorial; como al carácter de sus habitantes, notorio a nivel mundial por lo extrovertido, jocoso, emocionalmente explosivo y también apasionado en el decir y actuar.

Y tales características se han conjugado, a lo largo de nuestros siglos, para dar pie a una costumbre que, aunque ha evolucionado —o involucionado, dirían otros—, sigue formando parte de nuestra idiosincrasia: el arte de piropear.

Años atrás, los hombres demostraban su interés por una mujer, sobre todo con el lenguaje de los ojos, los poemas, las flores y otros obsequios; sutilezas amatorias que han ido a la zaga de nuestras costumbres, para dar paso a modos más espontáneos, francos y directos, especialmente entre los jóvenes.

Los ancianos los critican y hablan de pérdida del romanticismo. Los  más comprensivos aseguran que la vertiginosa velocidad a la que se mueve el mundo de hoy obliga a dejar atrás rituales de una época en la que se vivía sin apuros, olvidando, quizá, que el cortejo amoroso no entiende de prisas pues, casi con absoluta certeza, se puede afirmar que no ha nacido todavía la mujer a la que no le guste sentirse objeto de semejantes atenciones.

Foto: Tomada de Habla.cl

Pero el piropo es otra cosa. Se trata de palabras que nacen de improviso, en plena vía pública, ante el paso de una belleza que llama la atención porque, como dijo un jocoso bloguero:  «hay cubanas tan monumentales que merecen ser declaradas patrimonio de la nación».

En instantes como ese la razón temporalmente cede paso al entusiasmo y la lengua asume el control con ese ingrediente pícaro de nuestra cubanía para dar nacimiento a originalísimos comentarios que, por lo general, no se destinan exclusivamente al oído de la fémina, sino que se lanzan de modo que se entere todo el que por allí transita.

La práctica de piropear a las damas resulta más común en los ambientes citadinos que en los rurales. Quizá en esto influye el hecho de que «en el campo» existe un mayor respeto hacia la mujer, además de que en los pueblos pequeños los habitantes se conocen entre sí y podría ser mal visto el atrevimiento.

Los requerimientos básicos para piropear con éxito son simples: basta tener imaginación y buen gusto para cumplir el objetivo de llamar la atención de la muchacha, quizá arrancarle una sonrisa y, con suerte, hasta entablar conversación. En cambio, la falta de delicadeza solo consigue muecas de desprecio, desinterés. Y, probablemente, alguna ofendida hasta se atreva a sonarle un bofetón al grosero…  porque de todo se ha visto en este mundo.

Un buen piropo embriaga, levanta la autoestima y siempre se agradece, porque a casi todas les gusta atraer la atención y despertar pasiones. ¿A cuántas  mujeres no les ha ocurrido que se sienten más seguras en su andar por la calle cuando han recibido alguno? Si antes se inquietaban sobre cómo les asentaba el vestido nuevo o si esas «libritas» de más la desfavorecían, salieron de dudas con el mejor espejo posible: la espontánea opinión de un tercero.

Foto: Kaloian

Pero, de lo que no caben dudas es de que la ausencia del piropo preocupa, pues con prontitud la dama sospecha que, si no lo provoca, es porque su tiempo para inspirarlo ya pasó.

Y solemos referirnos a piropos dedicados a la mujer, pero tampoco podemos obviar el hecho de que, aunque en menor medida, ellas también se atreven. Sucede que los prejuicios sociales aún pesan y el machismo ha incidido en que las féminas se limiten a la hora de expresarse públicamente para halagar la figura masculina, por temor a ser mal vistas.

Otra cuestión que valdría la pena destacar es la notable diferencia existente entre los piropos de hoy y los que escucharon nuestras abuelitas. Si con fórmulas elegantes y poéticas a ellas se les comparaba con la belleza de las flores, la gracia de las palomas y la dulzura de la miel; hoy es más probable que los varoniles requiebros establezcan analogías con componentes tecnológicos, automotores e, incluso, obscenos.

Y es que la pérdida de valores como la cortesía y el respeto hacia nuestros semejantes han influido en la agresividad verbal entre hombres y mujeres. Para botón de muestra basta prestar atención a la letra de las nuevas tendencias musicales que se difunden actualmente en los espacios públicos, la radio y la televisión. No resultará sorpresa para nadie que, dentro de 20 años, las nuevas generaciones de piropeadores asalten el oído de las damas del futuro con frases al estilo “Indisciplinada, vamos a jugar al 69”.

Conversando con jóvenes en la red social Facebook, les propuse  que me contaran sobre sus experiencias con los piropos. Entre los más de 70 comentarios recibidos, seleccioné algunos para compartirlos:

Leticia Martínez «en Cuba se perdió la cultura del piropo, el que se mete contigo en la calle casi siempre es grosero. Hace un tiempo pasaba yo frente a cierta institución militar y uno vestido de verde me gritó: “Si te cojo te doy más lengua que a un helado”… Y yo sin poder piropearle: ¿Con qué? ¿Con esa lengua sucia que tienes?»

Alain Ramírez González «¡Tantas curvas y yo sin frenos!»

Odaisy Pelier López «Bueno, el último que me dijeron fue: “Oye niña, tu madre debe ser dulcera, porque un chocolate como tú, no lo fabrica cualquiera».

Ysmarys Martínez Bayón: «Un día iba caminando y me cae un ataque de tos, y me dice un muchacho…”niña, tu lo que necesitas es un boca a boca”…uf»

Yuliet PC «el más original que me han dicho a mi es: “tú eres la potranca de mi corazón” y el más elogioso: “Doctora Ortiz”»

Mario Damián González Posada Frutos «¿Crees en el amor a primera vista o tengo que pasar de nuevo?»

Yirmara Torres «a mi siempre me dicen, por mi tamaño, “caballo grande, ande o no ande”. Una vez en La Habana un muchacho me dijo el más lindo de cuantos me han dicho: “y yo que pensé que habían cerrado la fábrica de muñecas”… Creo que lo dejé caminar conmigo hasta donde iba solo por el piropo».

Por su parte, Marian Velázquez Barreras y Andrés Yunior Gómez Quevedo dejaron enlaces a Un pedacito de mar y Gato Verde, sus respectivos blogs. Allí Marian nos regala sus Piropos Top Ten y Andrés Yunior nos habla de los Piropos malditos.

Ahora, cuéntame tus experiencias: ¿Qué piropos dices? ¿Cuáles te han dicho? ¿Cuál es el más original que has escuchado?

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3 pensamientos en “¡Lúcete con un piropo, por favor!”

  1. Bien, para la autora del post que tiene una carita tan sugerente:
    – “Mi vida, me dejas mirarte un ratico para recordar tu cara en mis sueños”
    – “Me dejas decirte dos palabras: estas buenísima”.

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  2. A ver,a ver:los piropos no son privativos de hombres.He notado que entre afrocubanas llamar “abusador” a un hombre es como la cumbre del piropo.Sobre todo en el “tálamo de las delicias”.
    Mi mejor piropo,creo:fue preguntar a una “canillúa acomplejada”:”por favor,¿me permite examinar sus tobillos de gacela?”
    A mí: eres como el whisky:seco,¡pero llegas al alma!

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  3. Fresco, natural, humano…son palabras que me viene a la mente cuando leo sus artículos con diversos temas, tan variados como la propia vida de la gente y leerlo causa placer. Le deseo éxito y por lo pronto la visitare con más frecuencia, que es el propósito fundamental de quien escribe, atrapar al lector y que de alguna manera pueda recompensar su esfuerzo en trasmitir ideas y sentimientos.

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