Marginalidad ¿Un problema de «los otros»?


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La marginalidad es un tema que parece cobrar protagonismo en los debates públicos de la sociedad cubana: paneles de especialistas y una Mesa Redonda han abordado el asunto en fechas recientes.

Para conocer qué es la marginalidad como concepto y, sobre todo, cómo se evidencia en nuestro país, conversé con la Doctora Elaine Morales Chuco, investigadora del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

 -— ¿Qué es la marginalidad?

— Es una situación de desventaja o descalificación en la se halla una persona cuando está por debajo del nivel de ubicación social que debe tener atendiendo a sus características y derechos o a la condición que cree merecer.

— ¿Cuál es la relación jóvenes – marginalidad?

— La marginalidad no es un problema inherente a los jóvenes porque la juventud, en todas las épocas y países (y Cuba no es la excepción) es una categoría social que determina las características y condiciones de personas que transitan por una etapa de su existencia definida por la elaboración de proyectos y aspiraciones relacionados con la perspectiva de vida. Aunque debemos resaltar que la población joven ha sido históricamente marginada.

«Varios especialistas han concluido que las sociedades a lo largo de la historia han estado dirigidas, pensadas y diseñadas desde la óptica de los adultos, quienes han visto a los jóvenes como una parte de la población a la que hay que tutorar y de alguna manera controlar; y no como personas con derechos y condiciones para hacer uso de los mismos o cumplir determinados deberes».

 — ¿Por qué llegan las personas a esta situación de descalificación y exclusión?

— Porque han estado sometidas a un proceso en el que, de manera estable, con una cierta permanencia en el tiempo, se han articulado factores económicos, culturales, familiares, políticos e ideológicos que han hecho que determinados grupos sociales o instituciones las priven del acceso a bienes y servicios.

«Si bien en Cuba no existe una política que establezca que un grupo poblacional tiene derecho a un beneficio en detrimento de otro, razón por la cual no se habla de exclusión social, sí se vivencian pequeñas exclusiones, pequeños momentos de descalificación. Y esto puede ocurrir tanto de manera individual en las relaciones interpersonales como desde un grupo social o las instituciones.

«Estamos hablando de varios niveles de profundidad y gravedad en que se puede enfrentar la marginalidad. No es lo mismo la exclusión sufrida durante las relaciones interpersonales cuando alguien te menosprecia o subvalora por el color de tu piel, tu edad, porque eres mujer o porque no eres de la capital del país (son las más comunes), a cuando provienen de quien representa a una institución. Tal puede ser el caso de jóvenes de 18 años a quienes, al buscar trabajo, se les exige experiencia laboral conociendo que no tienen edad aún para haberla acumulado; o el de la muchacha a la que declaran no apta para un determinado empleo por tener un hijo pequeño.

«En esos casos ya no se trata de una persona excluyendo a otra, porque lo hace una persona en representación de la institución. Y por tanto el proceso de marginación y la situación en la que vamos a colocar a ese individuo que recibe la exclusión tienen una mayor implicación para su desarrollo. »

— ¿De qué modo el contexto actual cubano influye en esto?

— Aunque no existen leyes que excluyen explícitamente de beneficios a un ciudadano, la remodelación económica ha permitido que determinados grupos avancen más rápido hacia el bienestar socioeconómico y puedan salir con más facilidad de la crisis surgida en los 90. Y es que esas modificaciones como pueden ser trabajo por cuenta propia o el alquiler y venta de viviendas movilizan recursos personales que no todos poseen por igual.

«Aunque la sociedad no tiene la responsabilidad de eso, sí debe tener claro que convive con fenómenos a los cuales no les puede dar la espalda. Porque esos comportamientos marginales, que muchas veces no nos hacen sentir orgullosos, tienen causa y explicación.

«De ahí que cuando vemos a un joven involucrado en un delito, consumiendo droga, siendo objeto o sujeto de la violencia o cuando se ha alejado de cauces habituales de inserción social como el estudio y el trabajo, se cataloga como marginal. Solemos apreciar una vestimenta o un comportamiento que resulta agresivo al entorno pero no siempre tomamos en consideración las razones que motivaron el fenómeno».

— ¿Cuáles podrían ser estas razones?

— Desde lo puramente económico, como puede ser una situación de pobreza de una familia, pasando por el estado de las localidades, pues no todos los barrios se encuentran en la misma condición, ni todos los territorios tienen las mismas posibilidades de revertir el deterioro ambiental, el de sus inmuebles y el deterioro cultural de su población. Pasando también por la necesidad de que las personas participen de manera activa y no solo en asistencia sino en la toma de decisiones sobre los problemas que les conciernen.

«Son muchos factores involucrados al proceso de marginación y los que pueden generar que un grupo de jóvenes se exprese a través de comportamientos marginales. Incluso sin saber que está siendo catalogado como tal o la implicación que tiene».

— ¿Qué se define como comportamiento marginal?

— Sería todo aquel que transgrede las normas establecidas, que va en contra o se parta un poco de lo más aceptado y tolerado por la sociedad. Son los comportamientos que se mantienen al margen justamente aunque pueden estar incluidos también los que en un determinado momento la sociedad ve como agresivos.

«Te estoy hablando por ejemplo del uso de tatuajes, de una vestimenta o una manera de llevar el cabello, del gusto por un tipo de música… Todos son elementos que en un determinado momento transgreden las normas establecidas y otros sectores demeritan dichos comportamientos, descalifican a esas personas, en este caso a los jóvenes que los expresan».

-— ¿Cómo se percibe, desde lo interno, este proceso de marginación?

— «Otro elemento muy importante tiene que ver con la percepción de las personas de su situación de marginalidad y del proceso de marginación al que han llegado. Hasta ahora hemos hablado de cómo vemos desde fuera a los marginados, lo que consideramos marginal y lo que interviene en este proceso, pero pocas veces tomamos en consideración el sentir y lo que perciben las personas que están en esa situación de descalificación.

«Podemos encontrar que desde las Ciencias Sociales se identifican grupos como marginales y en cambio ellos no se reconocen como tales porque tienen otro esquema de lo que significa la marginalidad.

«Esto trae consigo otro reto, pues si no sabes en qué condición te encuentras, si no puedes percibir de alguna manera que tus derechos y potencialidades han sido limitados, que estás recibiendo el estigma de otros grupos sociales y hacer un análisis crítico de tu propia situación, tampoco la puedes transformar. Y es que para transformar el individuo y los grupos sociales lo primero que necesitan es conciencia de su contexto y perspectiva crítica para analizar  con profundidad a fin de tomar decisiones y hacer cambios en el orden individual y grupal o realizar una contribución a la sociedad».

Dra. Elaine Morales Chuco, del Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello. Soy Cuba

— ¿Qué tipos de marginación existen?

— Se ve en muchos ámbitos: en la dimensión cultural, cuando no tenemos acceso a determinados bienes y servicios; en la económica, cuando estamos por debajo de la satisfacción de determinadas necesidades materiales; en la política, cuando nuestra voz no es suficientemente escuchada en espacios que tienen que ver con decisiones de políticas comunitarias…entre otras. En casi todas los jóvenes pueden estar involucrados».

-— ¿Se ha hecho algún estudio para determinar cuál es la predominante?

— Según investigaciones del Centro de Estudios Sobre la Juventud, lo que más señalan los jóvenes es justamente la arista económica. Esto no solo sucede con los pobres, pues se incluyen también los que, sin estar en esta categoría, sienten que están por debajo del status o del nivel de consumo que creen merecer.

«Me refiero por ejemplo a jóvenes técnicos y profesionales, que no forman parte del modelo típico de un marginal en otros países y sin embargo en Cuba estos sienten que aunque tienen una relación no marginal con la sociedad esta les devuelve una exclusión en el sentido económico. Son muchachos que trabajan, estudian, tienen un comportamiento correcto, y sin embargo perciben que están excluidos de algunos beneficios porque la sociedad tiene un diseño que no ha tomado en cuenta o valora sus aportes.

«Otro  muy señalado tiene que ver con el rechazo ante la pertenencia a determinadas culturas juveniles no solo en lo referido a las tribus urbanas pues sucede incluso sin pertenecer a ninguna de ellas. Ese es el caso del graduado universitario que usa aretes, tiene una vestimenta menos convencional, o llega a un centro de trabajo y su apariencia física ha sido el medidor, más que su talento, para otorgarle una plaza laboral. Son prejuicios que, cuando están expresados en el ámbito de las relaciones interpersonales, son graves, pero si suceden en el marco institucional resultan peores».

 

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