¿El sindicato soy yo?


cuerpo_centra_imgLejos en la memoria resuenan nombres como Lázaro Peña, mencionado en las clases de Historia de Cuba, y junto a él, frases como «derechos laborales» o «protección y representación de los obreros» asociadas a la palabra sindicato.

Sin embargo, muy pocos jóvenes se han detenido a pensar en cómo podría influir esta organización en su vida de trabajadores, y muchas veces ni se plantean su importancia actual, luego de que la Revolución asegurara las garantías básicas de los obreros.

«Hasta ahora la función del sindicato al que pertenezco no me gusta para nada», dice Reiniedys Álvarez, de 29 años, quien trabaja como webmaster en Villa Clara.

«Casi siempre se trata solo de cumplir, como una competencia a ver quien entrega la cotización primero, etc. pero no tienen la misma prisa para responder ante las necesidades de los trabajadores. Nunca me han sancionado, pero he visto casos donde el sindicato ni se ha dado por enterado de lo sucedido», agrega.

Distinta es la experiencia de Arianne Alfonso, ingeniera industrial residente en Matanzas: «Aquí se realiza cada reunión como es debido, lo que casi nunca se ven son los resultados de las inquietudes planteadas por los trabajadores. Se limitan a decir “se trata de un problema que no nos compete a nosotros” o “no hay presupuesto” y ya. Otras cosas sí las cumplen. Yo voy a esas reuniones pero casi nunca he dado mi opinión, y las pocas veces que digo lo que pienso, lo hago en voz baja.

Carlos Ramón Sanabria, joven profesor de la Universidad Central de las Villas Marta Abreu, analizó con más profundidad su experiencia como afiliado: «mi sección se reúne asiduamente y tiene una vida sindical muy activa, aunque no todos participan con la misma intensidad. Las personas que históricamente han dirigido el sindicato en mi área (la universidad tiene varias) han sido los de más tiempo en sus puestos, pero desde hace poco se realizan acciones para pasarle el bastón a los jóvenes y, aunque no ha sido tan fácil, ya tenemos algunos en la dirección de la organización.

«Lo más preocupante es que, a pesar de la sangre joven, no se ha logrado romper con los esquematismos y la formalidad en su funcionamiento, pues reproducen los modos en que se “formaron” sindicalmente», comentó.

«Por otra parte, creo que se ha perdido la esencia del sindicato como contraparte de la administración, porque muchas veces en las reuniones se tratan temas organizativos del centro, y estos espacios se convierten en plazas para hacer exigencias y llamados a la eficiencia, productividad, compromiso, etc.,  sin hacer un análisis serio de si las condiciones laborales permiten alcanzar las metas o no.

«Para exigir trabajar más, y controlar, están los cuadros y directivos; el sindicato más bien debería centrarse en ver si las condiciones son propicias para alcanzar esos objetivos sin comprometer la salud y el bienestar de los trabajadores. Por otra parte, muchas veces los planteamientos se elevan, pero las respuestas no bajan, o se demoran tanto que, cuando llegan, los sindicalizados ya no se acuerdan de qué los motivó».

Una opinión diferente aporta Lieen Domínguez Diaz, profesora de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), a sus 33 años ya ha asumido responsabilidades en la organización, y actualmente funge como secretaria de su sección sindical.

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Lieen Domínguez «Me comprometí desde que comencé a pertenecer a ella como trabajadora y cuando llegó el momento de dirigir, lo hice sin titubear». Foto: Odette Fernández

Ella explica que entre sus funciones está exigir por el cumplimiento de los deberes y derechos de los trabajadores, e instar a que la administración siempre los tenga en cuenta y a las mejoras de sus condiciones laborales.

«Además, nos corresponde concertar, junto a la administración, el Convenio Colectivo de Trabajo, organizar las tareas sindicales y mantener informados a los trabajadores en cuanto a actividades, noticias, eventos. En mi caso, aunque llevo poco tiempo con esta responsabilidad, he logrado buenos resultados en mi sección, que es bastante activa».

Retos multiplicados

Empleo, salario, seguridad y salud, respeto al derecho laboral y condiciones de trabajo son hoy los temas más preocupantes en el seno del movimiento obrero cubano.

 Durante las asambleas de base efectuadas con vistas a la celebración del XX Congreso de la CTC, destacaron entre los principales planteamientos la necesidad de implementar un sistema de pago que motive y premie la productividad así como de una mayor integración entre administraciones y secciones  sindicales, la sistemática preparación de los dirigentes y el seguimiento a planteamientos y acuerdos de los trabajadores.

En este contexto es válido destacar que aún cuando se apeló a la reducción de plantillas infladas en el proceso de reordenamiento laboral, surgieron nuevas opciones de empleo en el sector del trabajo por cuenta propia y la CTC atrajo hacia sus filas a más del 85  por ciento de los trabajadores no estatales (unos 360  mil en total) del país, según informó el diario Juventud Rebelde .

Gestando una insatisfacción

En una investigación del Centro de Estudios sobre la Juventud (CEJ) titulada La participación sociopolítica de los jóvenes en las universidades, el trabajo y las circunscripciones del Poder Popular 1999-2009 realizada por el MsC Luis Gómez Suárez y los licenciados Rafael Martínez Trotman y Lisbet San Morales, los autores explican que a través de las organizaciones sindicales se realizan acciones participativas que deben contribuir a la materialización de la propiedad social estatal en un propietario real: los colectivos obreros y de trabajadores.

«Dichas acciones persiguen la cogestión administrativa, en un sistema de planificación que se distingue por su elevada centralización. La cogestión se materializa por medio de la realización sistemática de diferentes asambleas de afiliados y por la participación de los dirigentes sindicales en los consejos de dirección de las entidades laborales. Con estos mecanismos se puede participar en la toma de decisiones acerca del plan de producción y servicios y cualquier otro tema de interés económico, como así también sobre las condiciones de trabajo y vida del colectivo.»

Sin embargo, describen que durante el denominado periodo especial, etapa compleja y prolongada, aparecieron en la sociedad cubana fenómenos que afectaron negativamente la conducta de muchos trabajadores.

«Los sindicatos, pese al considerable esfuerzo realizado en estos años, confrontaron serias dificultades con la realización satisfactoria de sus principales indicadores o vías de acción. (…) En la década de los 90, como parte de las afectaciones propias de la crisis económica, el movimiento sindical se ocupaba en resolver los problemas laborales que ocasionaba el cierre de empresas por falta de recursos, la racionalización de numerosos trabajadores y su redistribución de acuerdo con la reestructuración de la economía. Así el periodo especial impuso nuevas prioridades (…).»

En ese sentido, Salvador Valdés Mesa, quien fuera Secretario de la CTC Nacional hasta inicios del presente año, expresó en una entrevista concedida al Diario Granma en abril del 2007 que algo de tanta importancia como la discusión de los planes económicos «se había perdido en buena parte de los colectivos, y alejaba al trabajador de su vital participación en la toma de decisiones a favor del desarrollo de su entidad y el país, así como en la búsqueda de soluciones a problemas que se presentan. La discusión del plan, posibilita una vinculación más directa de los dirigentes administrativos y sindicales con sus colectivos.»

La mencionada investigación del CEJ ahonda luego en la situación de los jóvenes en dicho contexto: «Se perdió la atención sistemática, conjuntamente con las administraciones, de los incorporados a los colectivos laborales con el objetivo de educarlos en las tradiciones del movimiento obrero y atender sus requerimientos como sindicalizados. Se dejaron de hacer los actos de presentación, entrega de carné de afiliados, apadrinamiento y otras iniciativas que propician el sentido de pertenencia de estos a la organización y su permanencia en los centros de trabajo.»

Algunos grupos de jóvenes muestran en ocasiones escasa motivación para participar en las actividades convocadas por la organización en sus centros de trabajo. «Se debe, en cierta medida, a la insuficiente atención que prestan a sus problemas e inquietudes. Pese a que este es uno de los objetivos fundamentales de las Secciones Sindicales, ello no se realiza en la práctica cotidiana, quedando en letra muerta los documentos donde se norma el funcionamiento.

«Los jóvenes en algunos casos son consultados junto a los demás miembros del colectivo laboral sobre planes y proyectos, y son llamados a su ejecución, pero no intervienen en la toma de decisiones ni en la dirección del destino de la empresa o entidad laboral.»

La situación se complejiza aún más a partir de que las secciones sindicales no ejercieron su derecho  a supervisar y pedir cuenta de cómo son empleados los recursos, como contrapartida no antagónica de las administraciones. Del mismo modo, se vio afectada su capacidad de diálogo y representación debido a su formalización e identificación con las administraciones, las cuales en varias ocasiones han seguido una política de dirección y control sumamente centralizada, dejando muy poco margen para una participación real de los trabajadores.

«La forma de participación que prevalece en los espacios de participación sindical -como en toda la sociedad-, es informativa, consultiva y movilizativa. Las insuficiencias apuntadas han incidido en la influencia de las organizaciones sindicales en los medios laborales, las cuales, como consecuencia, han visto decrecer su credibilidad entre los trabajadores», señalan los investigadores.

¿Soluciones a la vista?

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Tiene la CTC importantes retos y está llamada a jugar un papel esencial en la actual etapa, con un país abocado a la implementación de nuevas políticas laborales en un marco de numerosas transformaciones económicas y sociales.

Los jóvenes trabajadores también jugarán su papel en este empeño, siguiendo las indicaciones para desarrollar la batalla contra las indisciplinas, el delito, la corrupción y toda conducta ajena a la ética socialista, concretando su participación en la Revolución Energética, la producción de alimentos, organización del trabajo y los salarios, ahorro, eficiencia económica y perfeccionamiento empresarial, entre otras tareas.

Movilizar a los obreros en aras de lograr todo esto constituye hoy una de las labores fundamentales de la CTC. Pero rescatar y elevar la credibilidad de la organización de los trabajadores, así como incrementar la confianza de los jóvenes en la importancia de su funcionamiento, resultarán piedras angulares que quizás merecerían ser objeto de un largo debate en el XX Congreso, previsto para este mes.

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4 pensamientos en “¿El sindicato soy yo?”

  1. Una muestra de que el sindicato en cuba es una farsa mas, es que por mas de una decada a la mayoria de los trabajadores se les ha estado pagando en una moneda que es muy inferior y a la vez diferente a la que el estado utiliza para venderles y todavia no ha habido, no digamos una huelga general de trabajadores, ni tan solo una protesta sindical para solucionar tan grande disparate.

    El sindicato no es para que los jovenes “planteen sus inquietudes” es para que les suban el sueldo o los indemnicen si los despiden. El sindicato es para que se siente a discutir con la administracion y sabiendo las ganancias facturadas, pelee por bonos , beneficios y aumentos de sueldos.

    Un sindicato nacional ya deberia haber luchado por el derecho a la huelga y por la indemnizacion ante despidos. Si no lo hacen preparense ante “el nuevo modelo ” que se les vien enencima.

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  2. Mas claro que un gallo, se las canta el cantaautor Ruben Blades:

    Copio solamente un fragmento:

    …hoy Venezuela no es una Nación unida: es un país cuya población está polarizada políticamente, una sociedad sumida en contradicciones obvias, con un gobierno electo por un estrecho margen, 1.49%, que no alcanzó el 51% de los votos de alrededor de un 80% de la población votante y con un ausentismo electoral del 20.32%. Ese gobierno, sin embargo, está decidido a imponer un sistema político/económico (que no califico ni descalifico), pero que obviamente no es aceptado por la mayoría de la población. En una situación como la descrita, parece recomendable realizar una consulta nacional para que el pueblo tome su decisión. Sin ello, lo que se percibe es eso, una imposición. Creo que su gobierno, Presidente Maduro, no posee la mayoría representativa que justifique lo que le está haciendo al país. Por otro lado, la oposición, mezcla de lo que existió en el pasado político de Venezuela y de lo nuevo que hoy lucha por hacerse respetar y considerar, no está formada por cuatro gatos fascistas, como se pretende hacer ver. Es una vital cantidad de personas. En estas circunstancias, la realidad de Venezuela es hoy como sería la de una casa donde la familia esta dividida, y existen habitaciones en las que la otra mitad no puede vivir, ni transitar. La Venezuela de hoy no es la Nación que todos sus habitantes desean, es una versión de país a la que sólo parece apoyar el 50% de la población, tomando en cuenta el total de los votos emitidos en las elecciones del 2013. Esa realidad determina la necesidad de considerar una modificación del rumbo presente, en busca de un balance que permita el desarrollo del argumento nacional en sus propios términos, más realista y menos agresivo; una Venezuela en la que no sean necesarios los gritos de “Patria o Muerte”, entre hermanos.

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    1. Siento nucho desilusionarla Rouslyn, pero me parece que las protestas masivas son de verdad. No creo que sean dibujos animados ni extras de cine. Y hay estudiantes que han sido agredidos que no son dobles ni artista. Son de verdad. Tambien hay una pila de figuras publicas, artistas y deportistas que se han solidarizado con lo que plantea la oposicion.

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