¿Sepulturero? ¡Solavaya!


Cementerio

Cuando de elegir profesiones se trata, los jóvenes suelen rechazar algunas, y otras ni siquiera son tomadas en consideración. Tabúes sociales fuertemente arraigados, presiones familiares, motivaciones económicas, falta de información o el poco reconocimiento profesional y social, resultan algunas de las razones.

Así, Alejandro rechaza la plomería, mientras que Rafael asegura que jamás sería obrero agrícola «porque es morirse». Del mismo modo Gabriel expresa «no me gustaría ser chofer o camarero. Nunca trabajaría en cementerios, o basureros, o limpieza de fosas y aguas albañales; y no me gustaría tampoco trabajar en lo militar». Yisel y Daily no querrían barrer calles para ganarse la vida, Gustavo y Yeny señalan su escasa vocación como vendedores ambulantes y Adisley comenta su rechazo hacia la profesión de forense. Por su parte, Osmany, Amaya, Alberto Manuel, Daimy y Yuniesky coinciden en que no desearían ni de broma convertirse en sepultureros.

Todos reconocieron que cualquier trabajo honrado resulta válido. La realidad, sin embargo, apunta en direcciones diferentes y cuando se trata de elegir un modo de ganarse la vida no son pocos los que, seguido de la  consabida frase de «alguien lo tiene que hacer en aras del correcto desempeño de la sociedad», acto y seguido aclaran «pero que lo haga otro».

¿Viviendo de la muerte?

La muerte es considerada tabú. Pierre Chaunu, famoso historiador de las culturas en la Universidad de París, comentó en ese sentido: «Al no poder expulsar a la muerte de nuestra vida, se ha decretado que es vergonzosa, que es indigna de nosotros, que debemos arrojarla de nuestra mente. La han excomulgado porque pone en crisis todas las culturas hegemónicas de nuestro tiempo. Como no han podido hacerle sitio, la han ocultado, proscrito y prohibido».
mitos sobre la muerte

Muchos oficios o actividades se reconocen como necesarios pero son estigmatizadas según varias categorías (trabajo servil, trabajos con alto riesgo físico, trabajo con basura, deshechos, entre otros). Las actividades vinculadas con la muerte: la disposición del cadáver y las transformaciones o manipulaciones posteriores se cuentan, sin lugar a dudas, entre los más estigmatizados, según explica un estudio etnográfico realizado en Uruguay sobre el oficio.

En el caso de Cuba, buscamos la opinión sobre el tema (en video), de la Máster María Josefa Luis Luis, investigadora auxiliar del Centro de Estudios Sobre la Juventud y Jefa del Departamento de Política y Sociedad, quien nos habló sobre las causas del rechazo de los jóvenes hacia algunas profesiones.

A pesar de todo esto, existen jóvenes en la Isla que han asumido la profesión de sepultureros y se sienten orgullosos de ello. En busca de algunos representantes de los que realizan este trabajo anónimo a lo largo del país, nos fuimos hasta el Cementerio de Colón, en la capital. Allì encontramos a muchachos sencillos, no muy distintos a los de su edad, que disfrutan de las fiestas, socializar con los amigos y hasta peinarse al estilo del «Yonki». No les avergüenza decir que son sepultureros, aunque la revelación provoque desacierto y sorpresa en los demás.

A Hanoi Morales Valdés, de 22 años, lo encontramos en el incinerador de restos óseos. Lleva ya 4 años trabajando en la necrópolis, siguiendo los pasos de su padrastro, que ha ejercido esa labor durante 24 años.

Hanoi y Alexis , jóvenes sepultureros
Hanoi y Alexis , jóvenes sepultureros
Hanoi y Alexis, dos jóvenes sepultureros
Hanoi y Alexis en el crematorio de restos óseos

«Cuando empecé, tenía 18 años y más o menos ya sabía cómo era esto, pero de todos modos al principio tienes que adaptarte.  Creo que es cosa del día a día, a la larga terminas por asumirlo como un trabajo igual que cualquier otro».

Confiesa que le resulta mucho más duro cuando se trata de enterrar, por lo reciente de la pérdida y la presencia de familiares y dolientes. «Cuando llega el momento de la exhumación ya han transcurrido algunos años, y las personas han logrado hacerse a la idea, llegan con más calma».

Entre sus tareas actualmente se encuentra la de incinerar los restos óseos tras las exhumaciones, y asegura que, al inicio, manipularlos le resultaba un tanto difícil, pero terminó por acostumbrarse. «Este tipo de trabajo creo que de algún modo me hace asumir la muerte de un modo distinto. Aunque siempre pensar en la propia muerte es duro, ya uno lo espera con más conciencia de que algún día le va a tocar, en eso todos somos iguales.

«Aunque al inicio muchas personas ponen cara de susto, luego terminan por entender. Soy soltero ahora, y con las muchachas a veces puede ser complicado, pero nunca puede darte pena decir en lo que tú trabajas. Yo estoy orgulloso de lo que hago. Puede que al pasar los años siga acá, no me incomoda esa idea».

De igual modo piensa Brayan Corrales García, de 21 años. Aunque se graduó de técnico medio en informática, hace alrededor de un año decidió seguir los pasos de su padre.

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Brayan Corrales
Brayan Corrales

«Soy hijo de un sepulturero y, poco a poco, desde niño, me fui acercando al oficio. Siempre vi el lado bueno de este trabajo: poder ayudar a las personas que llegan acá en un momento muy difícil de sus vidas. Trato, en medio de todo ese dolor, de hacer un trabajo con la profesionalidad necesaria, de modo que no se les haga más triste ese momento.

«Al principio resultó bastante difícil para mí, imagínate que el primer entierro que me tocó fue el de un niño. Es una situación incómoda incluso hasta para quien no es un familiar. Pero poco a poco terminas por acostumbrarte a verlo como un proceso natural, parte de la propia vida y te vas adaptando».

Algo que reconoce haber aprendido con el oficio es a usar las palabras adecuadas en el momento que corresponde, y actuar siempre con mucho tacto. «Se trata de un servicio público, tanto como el que recibimos en tienda o un restaurante pero, claro, con muchísima diferencia porque es un momento donde uno no viene a celebrar, sino todo lo contrario.

«Ya mi familia está acostumbrada a lo que hago, a fin de cuentas mi papá lleva muchos años acá. En cambio las amistades y las muchachas no siempre reaccionan bien cuando les digo cómo me gano la vida. A veces tengo que seguir otra estrategia –ríe-, primero las enamoro, y solo después de que me den el sí es que les  cuento a qué me dedico. Al principio se asustan pero al final lo entienden, cuando les explico que es también un modo de ayudar a las personas, y que me gusta, que estoy orgulloso de hacerlo.

«Tengo que enfrentarme además a muchas supersticiones. Por ejemplo, me dicen “no vengas directo de tu trabajo, primero báñate antes de venir a la mía” o “no saludes a mi mamá cuando vengas del trabajo”, “espérame afuera, no puedes pasar”. Algunas personas religiosas me tratan como si fuera el demonio, otros dicen que vengo, como se dice, “arrastrando” algún muerto atrás. Yo soy ateo y no creo tampoco en fantasmas. Veo el asunto de modo práctico, los que llegan acá no me van a hacer ningún daño.

«Imagínate, ahora tenemos un uniforme que dice “Necrópolis de Colón”. En la guagua me miran como diciendo “solavaya”. Pero bueno, tampoco uno puede estar haciendo oídos de los comentarios de los demás, no puedo permitir que eso me afecte en lo personal.

«El salario no está mal, como joven tengo pocos gastos, aunque te digo, este trabajo no se paga con nada. Me satisface más el estímulo moral del servicio que presto a las personas y a la sociedad».

Lejos del imaginario popular, no son personajes siniestros, como con frecuencia se muestran en las películas, sólo que tienen un empleo poco común, que ningún niño menciona cuando le preguntan qué quiere ser cuando sea grande.

La del sepulturero es una profesión difícil y que requiere de un adiestramiento mental especial para convivir con la muerte. El trabajo, dicen, «es pesado», tanto por el sacrificio físico como por la carga emocional.

Suele ser un oficio con tradición familiar y de éste se encuentran orgullosos no sólo por ser digno y tranquilo, sino porque al conocer tantos decesos aprenden a valorar la vida y la salud.

Casi a punto de marcharme del cementerio, Brayan termina de colocar en su lugar la losa de una tumba recién ocupada, mientras me lanza un comentario en voz baja que casi parece una sentencia y marca, de cierta manera, las impresiones de la jornada: «no importa el tiempo que lleves en la profesión, siempre hay algo que te sorprende o impacta».

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4 pensamientos en “¿Sepulturero? ¡Solavaya!”

  1. Hola Ruoslyn…Saludos al chico CORRALES!!..Luego te comento, ahora no tengo tiempo…Solo entre para leerte como de constumbre y preguntarte..PORQUE CERRARON DE NUEVO A LAJOVENCUBA?..
    Hoy a las 20.00 horas de Moscu..me comunicaron en mi EMAIL…lajovencuba.otra vez las administracion la cerro!!!..Porque?..sin explicaciones…jajaja

    SERA QUE LA CUBADEBATE..tiene celos!!!!….Ah!!! uds hicieron sin recursos…algo que los viejos periodistas en cubadebate..con todo el apoyo estatal..no han logrado…Recibir en menos de 24 horas mas de 400-500 comentarios de mas de 20-25paises..cuando se toman serios POST /TEMAS…de insteres nacional…
    eso es un record..QUIERAN UNOS O NO..UDS LOS JOVENES MATANCEROS y tu mi nieta con tu alejandrito…eres perte ella..carajo!!!

    Porque me mandaron esa sennal y me cerraron!!!…no soy terrorista!! ni haker-internet!!!

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  2. Algo lúgubre el tema de hoy….perdón,es que esperaba ansioso un comentario acerca de la venta de autos y sus ridículos precios…Segun algunos,un Cubano medio debería trabajar mas de mil años(sin gastar un centavo de su mísero salario)para comprar un auto incluso de segunda mano….Perdón Rous,repito,con esto no quiero ignorar el asunto de que hablas,esa profesión está llena de tabúes y mitos en todo el mundo….En fin,si te parece un día de estos,dinos que crees de la cuestión de los autos…
    Saludos y un próspero año!!!

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  3. En realidad son trabajos, normales. Entiendo un poco que no quieran trabajar en comunales porque pagan muy poquito y sí, hay como prejuicio en manipular desechos.

    Lo que no sé es por qué alguien rechaza ser plomero. Es un oficio muy bien pagado y siempre tiene demanda.

    Y OJO, el vendedor. De calle, de planta, de show room, por teléfono, etc. El vendedor se ha convertido en la profesión más demandada por las empresas que contratan gente. Un buen vendedor siempre tiene trabajo y puede hacer un par de trastadas sin que lo boten, los jefes les perdonan cosas a los vendedores, siempre que lleguen o sobrepasen las metas porque son los que traen el dinero a la empresa.

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  4. Saludos BRYAN CORRALES…
    Con orgullo y la frente en alto..Todos los trabajos son necesarios..Estar cerca de donde hay dolor y enfermedades.. Si eres fuerte..sabras .. amar mas la vida, odiar los vicios del alcohilismo, nicotina y practicar mas ciclismo y deportes …
    Eres indirectamente un medico mas del alma..entre tus semejantes..
    GRACIAS Rouslyn..por traernos esta post/ tema Y PROFESION..PREPARAD OTRA..sobre estas profesiones casi olvidadas en cuba..

    ….Operario de alcantarillas y cloacas….Drenador de carreteras
    ….Parteras….Yerberas…..Tejedoras…..etc .EXITOS GUAJIRA-MATANCERA

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