Soñar en rojo


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Mi primer recuerdo del béisbol sería de cuando apenas levantaba dos palmos del suelo. Andaría yo por los cinco o seis años y el equipo Henequeneros acababa de ganar la Serie Nacional de Béisbol. Se le había preparado un tremendo homenaje en el histórico estadio Palmar de Junco, sitio donde se jugó el primer juego de pelota oficial en esta Isla para orgullo de los yumurinos. La frase del momento era “Henequeneros campeón y La Habana pal latón”. Me tocaba participar en una “tabla rítmica” junto a varios compañeritos del aula. Eso debió ser en el año 1991.

Por fatalidad, después de ese año, desaparecieron los equipos de Citricultores y Henequeneros para dar paso al equipo Matanzas, y fue como si cambiar de nombre inaugurara una maldición porque a partir de ahí la provincia comenzó un descenso escandaloso e irremediable en la pelota, nunca más se cosecharon éxitos como los alcanzados con anterioridad.

No volví a pensar en el béisbol hasta muchos años después, cuando estudiaba en el Preuniversitario. Mi noviecito de aquel entonces solía invitarme al estadio para ver los juegos del fin de semana, y a veces en la escuela nos daban pase también para asistir. Fueron mis primeras veces de sentarme en las gradas a disfrutar de un juego completo en vivo, tan diferente de lo que se vive a través de la pantalla del televisor en la sala de la casa.

Fueron años de sufrir, también, porque nunca se lograba salir de las últimas posiciones de la Serie, y la fiesta terminaba pronto para los matanceros. Teníamos que conformarnos entonces con apoyar a los equipos de otras provincias que seguían avanzando cuando el nuestro se detenía. Recuerdo que comencé a apoyar a la aplanadora santiaguera, la mejor retadora de los Industriales capitalinos, equipo que detestaba entonces y ahora. Si mis santiagueros no me respondían, apoyaba a cualquiera que jugara contra los azules (como parte de mi anti-industrialismo extremo). Era una fan de nadie en específico, sin pasiones beisboleras a fuerza de decepciones continuas.

Y, de pronto, el año antepasado se operó el milagro. Víctor Mesa, una de las grandes estrellas de la pelota cubana, asumió la dirección técnica del equipo Matanzas, aquel equipo maldito sobre el que yo solía bromear diciendo que, de los 16 lugares de la tabla de posiciones, terminaba cada año ocupando la 17. Víctor Mesa se hizo cargo de los sotaneros, de aquellos hijos del infortunio que regresaban cada temporada arrastrando los bates por el suelo, derrotados.

Y la maldición terminó.

Aquello fue lindo la serie pasada… en la ciudad se respiraba un aire distinto, se hablaba de pelota en cualquier lugar. Matanzas revivió de un modo impensable años atrás. El estadio Victoria de Girón comenzó a llenarse más y más con cada juego, al punto de tener que cerrar por capacidad en más de una ocasión. Las calles empezaron a plagarse de carros con el logotipo del equipo, las cornetas y bocinas anunciaban las caravanas de guaguas y camiones procedentes de los municipios más distantes rumbo al estadio, proliferaron las personas vistiendo de rojo (color del uniforme del equipo) y en ventanas de numerosas casas empezaron a aparecer carteles de apoyo a los Cocodrilos.

Matanzas, provincia con rica tradición en este deporte pero aletargada durante dos décadas, comenzó a disfrutar del béisbol de nuevo. La pasión despertó. Y yo me sentí niña de nuevo, emocionada hasta la médula con mi equipo.

No ganaron el año pasado, quedaron en tercer lugar. Pero acá fue como si hubieran ganado. La fiesta fue grande, y perdimos a ritmo de conga aquella noche, como describí en mi post Los Cocodrilos y el Titanic.

Este año ha sido incluso mejor, pues por primera vez en 22 años lograron los Cocodrilos llegar hasta la final. Llegamos a semifinales contra los Gallos de Sancti Spíritus, y yo no me perdí ni uno solo de los tres juegos que se disputaron en Matanzas.  ¡Qué juegos! Los tres partidos los ganaron limpiamente, y las ilusiones se levantaron, y se pensó en la posibilidad real de llegar a la final, y se cruzaron los dedos, y la gente se pegó a los televisores, o alquilaron transportes para viajar más de 300 kilómetros para abarrotar la mitad del estadio en Sancti Spíritus durante aquellos dos juegos finales decisivos.

Y perdieron el primero, y casi perdían el segundo, y los corazones matanceros bajaron las alitas, y muchos apagaron el televisor con furia o tristeza, o ambas. Yo cambié el canal, pero no resistía y de vez en cuando volvía con mi masoquismo a mirar el marcador, que de 3 por cero pasó a 5 por cero a favor de los contrarios…y ya lo dábamos todo por perdido.

El juego de anoche fue casi de infarto. De pronto en el octavo inning los cocodrilos se acordaron de para qué sirven los dientes y empezaron a lanzar dentelladas, y fabricaron 10 carreras de golpe, en una racha que arrancó gritos a los tristes espectadores ahora renacidos.

Y yo no volví a cambiar el canal, y Alejandrito no logró dormirse hasta pasadas las 12 de la noche, dando saltos conmigo, gritando conmigo, asomado conmigo en el balcón riendo mientras los vecinos del barrio salían a abrazarse en la calle, locos de alegría, y era igual donde quiera que se mirase en mi ciudad. Los que estaban despiertos viendo el juego, llamaban por telefono a los amigos para que encendieran rápido la televisión, qué ahora sí, coño, van pa´rriba!! Y desde mi habitación podía esuchar las exclamaciones de Manolito, el de enfrente, que despertó hasta a su mamá de 80 años para que no se perdiera aquello por nada del mundo, porque era un momento histórico. Y la risa, y los abrazos se repitieron cuando el juego terminó, y esta vez si fue grande, yo pensé que algún loco terminaría por lanzar fuegos artificiales de un momento a otro.

El parque de Peñas Altas (mi barrio) amaneció este domingo abarrotado. Por ahí pasa la Carretera Central, vía por la cual debían llegar nuestros campeones a la ciudad que lo esperaba jubilosa. Yo no me aguanté y bajé, a pesar del sol del mediodía, para verlos pasar. Y cuando llegaron, los recibimos como si hubieran ganado la serie. Qué locura, dirán ustedes, pero la verdad es que, para celebrar, basta con saberlos gigantes capaces de llevarnos hasta la final, en nuestros corazones ya podemos considerarlos campeones.

Desde hace semanas escucho a varias personas despotricar contra Víctor Mesa por su caràcter irascible, por actuar como un show man, por ser polémico y escandaloso hasta el extremo de casi tener el récord de expulsiones del terreno por sus constantes discusiones con los árbitros. Y yo escucho todas las críticas en silencio, y no niego que muchas veces tienen razón en lo que dicen, pero simplemente no me interesa, porque Víctor para Matanzas es casi un héroe.

Y van a tener que amarrarme para evitar que vaya el estadio esta semana, seguro habrá cola para entrar desde el mediodía, aunque el juego comienza a las 8 de la noche. Ya se verá si este año definitivamente se rompe la maldición y nos llevamos la corona, la verdad es que estos guerreros matanceros se lo merecen. Y si no tenemos suerte, el año próximo iremos por más, no vamos a rendirnos, ya no habrá quien nos impida soñar en rojo.

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3 pensamientos en “Soñar en rojo”

  1. Hola Rosy

    !Que bello tu comentario! Te felicito. Ja ja, Chica deberias meterte a narradora de deporte y esas cuestiones y dejar a un lado otras esferas.

    Bueno. En mi juventud era fanatico de la pelota. Hoy, solo veo los clasicos

    Perdon, perdon Rosy, Me gusta ver como al equipo Cuba lo apabulllan inmediatemente. y no compite con equipos de las mayores. No es que yo sea anticubano, todo lo contrario, El asunto es que han politizado el deporte

    Con respecto a Victor Mesa, luego de leer bastantes debates, he llegado a simpatizar con el tipo. Es muy elocuente defendiendo sus posiciones , me
    parece un sujeto honesto y sobre todo muy valiente,

    Felicidades de nuevo.

    Oye. Te cuento que por aca, esta el torneo de la NBA de Baloncesto al

    rojo vivo Los Heat de Miami es un equipo de altura..

    Me gusta

  2. Saludos rouslyn..LINDO ARTICULO!!
    Sobre PALMAR DEL JUNCO…tengo otro recuerdo muy distinto al suyo…Alli, entre por primera vez como SOLDADO.SMO-SMV, era una especie de ir a cumplir tus obligaciones militares voluntariamente…Tenia un fusil CHECO y con miles de jovenes mas festejabamos la captuira del ultimo….ALZADO contra el gobierno en aquella zona..creo que le decian TONDIQUE!!..
    Pero ha llovido mucho desde ese dia que por primera vezs vi ese station besbolero hostorico…..
    HACE POCO..lei un libro sobre ese personaje historico..Tondique.. moderno de cuba, escrito por una poetiza cubana-camagueyana de Guaimaro..ADA CASTILLO…vive en E.U…..HOY NO SE, si hicimos bien o mal en festejar aquello….TRISTE pero REAL!!

    Ademas Rouslyn, recuerdo a nuestro PALMAR DEL JUNCO…por los batazos de MIGUEL CUEVAS ..uno de mis idolos del beisbol cubano..

    Sobre MESA y su numero 32….LO RECUERDO CUANDO ERA UN CHICO de santa clara y sitiecito / sagua…un show-men…BIEN FORMADO Y CREATIVO por condiciones naturales
    CHAOO BESOS ROUSLYN a tu chiquillo!!
    prof , Ceballos

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