Girón en los recuerdos de Lucía


A Soplillar, a casa de Lucía Rodríguez Montano, dirijo mis pasos con un nudo en la garganta. No será una entrevista fácil y de algún modo presiento que me costará mucho redactarla luego.

De algún modo intuyo que la emoción hará de las suyas… es previsible y estoy preparada para soportar, como mejor resulte, los nobles ojos de Lucía bañados en lágrimas por los tristes recuerdos que la forzaré a revivir ante mi grabadora.

Su incomodidad inicial da paso a la resolución, y se decide a conversar sobre el momento que cambió para siempre su vida y la de los suyos. Pero prefiere comenzar por el principio, para que los lectores puedan entender la historia completa desde la perspectiva de otro miembro de la familia que inmortalizara el Indio Naborí en el poema Elegía de los zapaticos blancos.

“Al triunfarla Revoluciónyo tenía 14 años, aquello para nosotros fue la gloria. Veíamos por primera vez cosas que jamás habían ocurrido en la Ciénaga de Zapata.

“El 28 de enero del año 61 nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro y Celia Sánchez nos reunieron junto a otros jóvenes de este territorio para llevarnos a estudiar enLa Habanacon el objetivo de formarnos como obreros.

“Allí podíamos elegir la especialidad que deseáramos. Para las mujeres resultó novedoso, pues hasta ese entonces la costumbre nos recluía a la casa y los estudios se reservaban para los hombres.

“Fidel y Celia velaban de forma directa por esa institución. Se priorizó la preparación de quienes proveníamos de zonas apartadas como Guasasa, Soplillar, Santo Tomás…

“Mis hermanos Carmen, de 17 años, y Martiliano, de 21, acudieron conmigo. Mi mamá, periódicamente iba a visitarnos a la escuela. Imagínate, era la primera vez que salíamos de la casa, que un padre se separaba de sus hijos…era otra época.

“A medida que el curso avanzaba, se impacientaba y comenzó a tratar de llevarnos de regreso con ella, la entristecía que estuviéramos tan lejos y temía por nuestra seguridad…era una época muy difícil, el enemigo llevaba a cabo acciones de sabotaje, ocurrían ataques terroristas.

“Celia entonces conversaba mucho con mi mamá y le explicaba la importancia de nuestros estudios. La última vez que fue, le organizó incluso una fiesta en la escuela para animarla y le dijo que se comprometía personalmente a llevarnos junto a ella si algo sucedía.

“Recuerdo que en la fiesta mi mamá cantó. Yo no tengo las fotos pero mi hermana Nemesia sí te las podría mostrar.

“Ella regresó más tranquila a la casa, pero entonces llegó el 17 de abril…ese día en la escuela no nos llevaron al taller, por protección. Sobre las ocho o nueve de la mañana supimos de la invasión.

“Abraham Maciques, (quien se desempeñaba como director del Plan de Desarrollo dela Penínsuladela Ciénagade Zapata), también estaba al cuidado de nosotras, llamó a Celia y le informó que nuestra madre había sido una de las víctimas

“Yo, que era la más chiquita, era también la más llorona. Y ese fue el pretexto para sacarnos esa noche de la escuela. La secretaria de Celia nos llamó a su oficina y para que no nos asustáramos dijo que debíamos ir a casa de Celia, que quería conversar conmigo porque estaba muy majadera.

“Mujer como esa (Celia) no hay ninguna. Allí nos recibió, nos besó, me cargó y nos dijo ¨tengo que mandarlos para Jagüey porque a su mamá la hirieron¨.

“Ella no nos confesó que había muerto…quizá no supo cómo, o prefirió no atormentar el largo viaje que hicimos en una máquina, acompañados por un capitán y un primer teniente.

“Al llegar, existía mucha confusión en las informaciones que recibimos, algunos decían que habían matado a toda nuestra familia, luego otros aclaraban que no. Fueron horas de gran dolor, hasta que el capitán exigió que lo llevaran donde pudiera conocer la situación real, porque nos iban a volver locos.

“Entonces llegó un miliciano y nos explicó: el hermanito de ustedes herido está en el Casino, y el cadáver de su mamá en casa de una prima de ustedes aquí. Y nos llevó a ver a mi hermano menor, que tenía 11 años y luego a donde estaba mi mamá.

“Nunca he olvidado ese gesto de Celia, con tantas responsabilidades con el país, y aún así cumplió la palabra dada a mi madre. Si no hubiera sido por ella, no habríamos llegado a tiempo para darle sepultura.

“Nos pidió que volviéramos a la escuela cuando estuviéramos en condiciones de hacerlo. Regresamos unas semanas más tarde. Culminé mis estudios en la especialidad de cerámica y trabajé luego en el taller creado por Rita Longa en Boca de Guamá.

“Mi vida cambió para siempre en aquel abril. Una vive, pero no se olvida de lo que pasó. Y es importante que las nuevas generaciones que no participaron de aquellos dolorosos acontecimientos conozcan la historia y comprendan la importancia de defenderla Revolución.”

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Un pensamiento en “Girón en los recuerdos de Lucía”

  1. DOLOROSO!! no entender que otros tiempos corren por el caribe!!

    YA LA INTERNET ES GLOBAL Y EL MIEDO…sigue aduennandose de los pueblos y ciudadanos..
    En mexico tienen miedo…a los tiros, asaltos y narcos..
    En argentina tienen miedo aotros DEFOUL-ECONOM ICO
    En Venezuela..tienen miedo que su presidente no resista a la operaciuon y su enfermedad..
    En Colombia tienen miedo que estas tratas de paz ..no obtengas buenos resultados otra vez…
    EN CHILE tienen miedo a que sigan creciendo los propblemas de la educacion y las universiadades etc,etc

    Rouslyn… A que le temen los cubanos?

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