Falleció la cantautora cubana Sara González



Falleció la cantautora cubana Sara González. La noticia me sorprendió hace unos minutos y aunque debo decir que de algún modo este tipo de cosas nos resultan de algún modo cotidianas y naturales, cuando se trata de personas que han estado marcando tu vida prácticamente desde que tienes memoria, pues se vuelve más chocante.

Sara González existe desde que tengo uso de razón, desde pequeña la escuchaba cantar en la radio o en la televisión, nunca pude disfrutarla en vivo. 

Con su voz capaz de emocionar y estremecer, Sara sabía llegar al corazón de todos. La recuerdo ahora con aquel tema, al que tanta pasión le ponía y que terminó quizás por eso siendo uno de mis favoritos: A los héroes.

Ya Sara no estará para emocionarnos en el futuro con su energía, su sonrisa y su voz. Sin embargo nos queda todo lo que entregó a lo largo de todos estos años y así, sin saberlo, ella también se queda.

Esta es otra canción que adoro, así es como siempre recordaré a Sara González:

Les dejo aquí la entrevista que le hiciera Amaury Pérez Vidal en el gustado programa televisivo “Con dos que se quieran”.

Sara González: “El pedazo de Patria que me toca lo voy a asumir, con todos y por todos”

 

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en “Con 2 que se quieran”, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña, me río en cuanto empiezo a presentarla porque la quiero mucho. Es mi amiga, una de las amigas más importantes a lo largo de toda mi vida. La principal cantautora de Cuba, la gran cantautora de Cuba. En un momento determinado fue la única, ese es un término que le pega bien; la única: Sara González.

Sarita querida, muchas gracias por venir, mi niña.

Sara. ¡Ay, qué lindo!

Amaury. Gracias por venir. Bueno, ¿qué queda de la niña Sara que estudiaba viola?

Sara. ¿Tú te acuerdas de aquello? Ay, Amaury, lo que queda es un lindo recuerdo. Un recuerdo que tiene que ver hasta con mi mamá, porque resulta ser que para Rosa era la gran ilusión de su vida. Ella nunca quiso que yo fuera artista y realmente me lo demostraba, me lo decía y me lo hacía saber constantemente, pero cuando ella me vio con la viola en la mano, ya eso fue otra cosa. Ya ella me veía en la Sinfónica, toda vestida de negro con aquella cosa, y entonces le pareció una idea maravillosa, a mi mamá le gustaban las cosas finas. Entonces ahí empezó la gran lucha de que Sara estudiara la viola y a Sara que no le gustaba la viola. Al final me gusta mucho como instrumento, por supuesto, es un instrumento de la cuerda, quiero decirte que es uno de los instrumentos más lindos de lo que es la familia de las cuerdas, realmente tiene un sonido maravilloso.

Amaury.  Sí, es muy dulce, la gente puede no saberlo…

Sara. Tiene como un terciopelo, es como si le hiciera un segundo al violín, una cosa así, pero yo no iba a ser nunca una violista… Yo lo que quería era tocar la guitarra y hacer canciones y esas cosas y era lo que me interesaba más que nada.

Amaury. Pero bueno, me hablaste de Rosa, y por supuesto eso me lleva a Marianao, que fue donde yo te conocí.

Sara. Ahí me tuvo Rosa cuatro años con la viola al hombro.

Amaury. ¿Pero estudiando en el Conservatorio de ahí?

Sara. No, de ahí no, en el Amadeo Roldán. Sí, porque primero yo estaba en Centro Habana.

Amaury. ¿O sea, tú naciste entonces en Centro Habana y después te fuiste a Marianao?

Sara. Sí, yo soy de Cayo Hueso.

Amaury. Pero en Marianao fue donde nos conocimos, ya tú estabas allí con tu papá.

Sara. Sí, mi papá, Berto.

Amaury. Tu papá Berto que era una maravilla, que hacía aquellos tabacos, y de vez en cuando me regalaba alguno, era un torcedor.

Sara. Eran pipas ¿te acuerdas?

Amaury. ¡Claro! Tuve una muchísimos años. ¿Cómo tú recuerdas a aquella Sara que yo he visto en fotos?, porque yo no te conocí cuando niña, desgraciadamente, hubiéramos sido amigos mucho antes. Aquella niña rubia, de pelo casi blanco, con los ojos bellos que te acompañarán hasta el final. ¿Cómo eran Berto, Rosa?

Sara. Berto era un personaje. Mi papá era un hombre maravilloso, un hombre que era tabaquero de toda su vida, pero que te salía a cada rato con cada frase y te decía: “Porque como Carlo Magno dijo…”

¡Qué cosa! ¡Carlos Magno!

Y la historia es que ellos tienen lectores. Entonces mi papá conocía de la vida de grandes e ilustres figuras de la Cultura Universal a través de lo que les leían en la tabaquería. Mi papá se leía todos los cuentos, que si (Emilio) Salgari, que si Zola, que si Dostoievski porque se los leían y me salía con cada cosa de esa. Era muy simpático. Papá era muy gracioso porque mi papá era este tipo de hombre que no habla. A él no le gusta que lo molesten ni molestar a nadie y era muy simpático, cuando abría por fin la boca.

Amaury. ¿Tú tienes hermanos, Sara, o hermanas?

Sara. Tengo una hermana que vive en Placetas, que es de donde son ellos, mi mamá y mi papá nacieron allí en Placetas, toda mi familia por parte de padre y madre. Se conocieron de niños, fueron compañeros, hasta la adolescencia iban a los bailes juntos y todo, entonces mami fue para Santa Clara y después vino para La Habana y mi papá se quedó allá, se casó, su esposa falleció, pero tuvieron a esa hermana mía y ella vive en Placetas. Nosotras nos parecemos mucho a mi papá, ella es la versión trigueña y yo la versión rubia.

Amaury. Ahora, tú hablaste del Conservatorio. Hablemos entonces de la niña que estudiaba viola en el Conservatorio. ¿Cuáles eran tus amigos y tus amigas en el Conservatorio Amadeo Roldan?

Sara. ¡Ah, bueno! Aquí hay una cantidad de músicos, por suerte, la generación…

Amaury. …Del Amadeo

Sara. En el Amadeo Roldán sí, el que está por Rastro y Belascoaín. Hay una generación de músicos que participó conmigo en aquella época de estudios, que hoy por hoy son grandes músicos de este país, entre ellos Lucía Huergo, Jorge Aragón, María Elena Mendiola, Laura Inclán.

Amaury. José María, ¿no?

Sara. José María (Vitier), Sergio (Vitier). Cuando yo entré Sergio ya estaba en la escuela, un poquito mayor que yo era Sergio, María Felicia (Pérez)… A ver quién más… Bueno, muchas. Alfredito Muñoz, Marta Campos, un poquito más…

Amaury. …Más joven.

Sara. Entonces había un ambiente muy rico, donde claro, en aquel momento había cierta pugna entre lo clásico y lo popular. ¡Tú sabes! Había muchos profesores todavía con sus mentalidades limitadas en ese aspecto, pero nosotros no, a nosotros no nos importaba eso. Nosotros nos íbamos para la casa de Aragón, poníamos las cintas de BloodSweat and Tears, oíamos lo último de los Beatles, estábamos todo el tiempo llenándonos de música.

Amaury. ¿Y por qué todos ellos te recuerdan a ti tanto? Tú eras un poco…

Sara. Yo era muy buena, yo era una niña muy tranquila, yo era muy buena.

Amaury. No, no lo creo, nunca fuiste…

Sara. ¿Por qué chico?

Amaury. …porque tú nunca has sido una mujer tranquila, ¿cómo tú me vas a decir…?

Sara. Oye ¿Pero qué es lo que tú me sabes a mí?

Amaury. Tranquila, ¡no!, yo te sé cantidad, lo que te quiero decir es ¿por qué todos ellos te recuerdan y dicen ahí estaba Sara?

Sara. Porque nos llevábamos muy bien, Amaury, porque realmente cuando te cuento todo esto, también estoy mirando un fondo de un ambiente maravilloso, muy armónico, muy lleno de cosas bonitas que nos pasaron en aquella época. Eran momentos también muy convulsos de la Revolución, cambiando cosas… Había muchas, había la revolución de las revoluciones esas que son capaces de crear cosas maravillosas.

Amaury. ¿Pero tú ahí armaste varios grupos?

Sara. ¡Ay, niño!, yo armé un grupo ahí que se llamaba Radix 7 y ¿a que tú no sabes quien tocaba el saxofón? Ana Nora Calasa.

Amaury. Parece el nombre de un antiparasitario.

Sara. Radix 7 dicen que es una nebulosa de no sé qué diablo. Cuando aquello Ana Nora era muy lectora de ciencia ficción y de esas cosas y entonces ella dice que ese era el nombre del grupo. Bueno, eso mismo, como éramos siete…, Ele Valdés tocaba el acordeón.

Amaury.  ¿Ele Valdés, de Síntesis?

Sara. Sí, Lucía el piano, yo tocaba guitarra y Margarita, que es profesora de Caturla, tocaba la batería y como no había mujeres en aquel momento que tocara el bajo, teníamos una compañera que se llama Anisia Bustelo, que tocaba fagot. El fagot es un instrumento largo así, que parece una cosa extraña, que después te voy a decir lo que parece y realmente mucho. Entonces lo usábamos para hacer las notas graves de las armonías porque no teníamos quién las hiciera.

Bien, para hacerte un cuento muy simpático, nosotros fuimos al Amadeo Roldán, había un festival de combos. El público era, ¡vaya!, de lo peor. Cuando aquello había una cosa que se llamaba Los Chicos de la Rosa, otros del Palo, bueno, unas cosas rarísimas de la época.

Nosotras nos habíamos mandado a hacer unos trajes así a rayas -yo cuando aquello no estaba gorda-, pero la que tocaba el fagot, aparte de ser así, era así (señales de largo y ancho). Bueno, cuando se pone aquel traje, y cuando aquello se usaba la minifalda, ¡figúrate tú!, aquel traje por aquí y así (señales de corto y estrecho). Era una cosa horrible. Y dígole yo: ¡fíjate, así no se puede salir hoy en público! Yo me acuerdo que había un grupo que cantaba Downtown, que tenía 7 panderentistas. Eso nada más se ve en este país.

Y los de Downtown decían (notas de una canción) y el público decía: ¡Váyanse ya, papelaseros! Yo dije: ¡caballero, ese público está de madre, cuando salga esta rayada así, esto va a ser la candela y más con aquella cosa! Mira, salimos. Nosotros éramos instrumental lo que hacíamos y, tocamos “In My Life” de los Beatles. Dice un cacho de… de allá arriba: ¡Gorda, suelta la bazuca! (risas)

Amaury. (risas) A la que tenía el fagot…

Sara. Mira, cuando yo oigo aquello de la bazuca… El fagot es verdad que parece una bazuca y empieza aquel teatro Amadeo Roldán en pleno: ¡gorda, suelta la bazuca! ¡Gorda! Yo miraba a la gorda, y la gorda quería morirse.

En ese momento me viro para Margarita y le digo: ¡rompe, con un tumbao! Y un coro ¡Gorda, suelta la bazuca! y así estuvimos como cuarenta minutos, el público cantando y el degenerado aquel dando brincos allá arriba. Y la gorda se quitaba el fagot y bailaba con todo aquello y salimos bien, en aquel momento de nuestra experiencia.

Amaury. Sara ¿cuándo tú te encuentras con Leopoldina Núñez?

Sara. Ah, Leo es una mujer maravillosa, una de las mejores profesoras que ha habido de guitarra en este país, la verdad. Cuando yo fui a estudiar la viola, no entré de primera y pata a la carrera de la guitarra, porque ella ese año presentó a sus alumnos. Era muy conocida la labor de Leopoldina como profesora, ella formó a mucha, mucha gente que dieron clases con ella, que tocan ese instrumento o que le deben muchas cosas a ese instrumento.

Entonces, bueno, Leo yo la vengo a conocer y a darme el gusto de dar clases con ella, cuando me voy a la Escuela de Instructores de Arte, que salgo del Amadeo Roldán y me pongo a pensar que yo lo que quería hacer realmente y lo que honestamente siempre sentí, una gran vocación -te lo digo honestamente- una vocación de enseñar, de enseñar y sobre todo la música.

Entonces me fui preparando, estuve un año y pico en esa Escuela de Instructores de Arte, y estaba Leopoldina (Nuñez), estaba Guyún y tuve una preparación buena, buena para ser profesora de música y ahí aparece Leo.

Amaury. ¿Cuándo aparece la trova?

Sara. Ahí, ahí yo empiezo.

Amaury. La Nueva Trova.

Sara. Ya antes de eso, estando en el Amadeo se da el Concierto del 67 de la canción política y yo voy y canto allí y me vieron varias gentes cantando, pero yo no canté con guitarra ni nada. Yo canté “La Era” (La era está pariendo un corazón, de Silvio Rodríguez), o algo por el estilo y ahí es donde yo hago mis primeras cosas y entonces voy a una fiesta. Tú me decías el otro día: La canción del ahorcado, porque yo me lo aprendí con Ana Nora y toda este gente, y entonces la canté ese día. Silvio Rodríguez se quedó así, como diciendo: ¿y esta de dónde sacó…?

Amaury. “La canción del ahorcado” y “La tierra”, ¿no?

Sara. (tarareando) “La tierra era rojiza, púrpura cielo”… Y Silvio que estaba ahí, yo me acuerdo que fue una fiestecita de amigos y eso, una descarga, se queda así y me dice: ¿Oye, de dónde tú sacaste esa canción?

Amaury. ¿No se conocían de antes, se conocieron en esa fiesta?

Sara. Ese día y entonces después nos vimos en alguna que otra actividad y yo seguí en la Escuela de Instructores de Arte y un día me encontré con Silvio y con Pablo en la parada de 23 y 14 y fue cuando Pablo me dijo: “Mira, ¿tú nunca has hecho nada, musicalizar cosas?”

Y yo: ¡No mucho, no, la verdad!

¿Y te atreverías con unos versos de Martí? Yo tengo un programa que hacer sobre Martí, ¡atrévete a ver que tal te queda ese trabajo! Entonces me dijo: ¡ven a buscarlo!, ese fue Pablo y Silvio me dice que pronto él iba a grabar un tema para una aventura y que si yo quería cantarlo. Me acuerdo que iban con Armando Guerra… también conocí a Armando Guerra. Nada, yo por poco me desmayo, cuando esa gente salió por ahí pa´llá, y yo dije ¿ehhh?, ¿qué dije?,  ¿en qué me metí?, ¡Ay Dios! Y ahí fue donde me metí en ese lío.

Amaury. Te fuiste a cantar Un hombre se levanta, pero además, en aquella época la gente no sabía si era Silvio por el tono.

Sara. Eso fue un error. Fue aquí en este estudio, donde estamos haciendo esta maravilla de programa. Llegamos y no nos damos cuenta que se había hecho el arreglo a la canción por el tono que más o menos Silvio había dado. Cuando termina de grabarse, después que ya tú tienes grabada aquella música… ¡oye, no le cambiamos  el tono! ¡Ay, Dios! ¿Y ahora qué hacemos? Bueno, pues vamos a ver, al que mejor le quede y entonces a mí me quedó mejor, aunque me quedó en un tono gravísimo, muy grave para mí, yo primera vez en mi vida que cantaba en ese tono y entonces por eso la gente decía… Fíjate que yo salí en un programa de televisión Buenas Tardes, ¿te acuerdas? entonces primero canté una cosa mía, después una de las cosas de Martí y después canto aquello. Y la gente decía: ¡no, ella no fue, ella es la otra; la que cantó la segunda esa sí es ella! Y hubo gente que se apostó cajas de cerveza que llegaron a mi casa ¿dónde está mi caja de cerveza?

Amaury. Pero fue tu primer éxito de todas maneras, radial y televisivo y todo.

Sara. Sí, si, fue una cosa impresionante, Amaury, yo salí del programa y cuando salí para la calle me rodearon una pila de niños para… ¡fíjate que yo me quería ir para Placetas! Tú le tienes miedo a la gente igual que yo.

Amaury. ¿Y ya habías escrito alguna canción tuya antes de ese momento?

Sara. No recuerdo, Amaurito, puede ser que sí, puede ser que sí, pero algo muy ligero, no era una canción. Fíjate que yo no lo recuerdo.

Amaury. ¿Y por qué llegas al grupo de Experimentación Sonora, por qué, quién te propone?

Sara. Por ahí, ya por ahí empiezan esta gente: ¡Vete para allá, que estamos dando clases con Elósegui (Juan), con Federico Smith! ¡Que estamos haciendo audiciones con Leo (Brouwer), vas a ver! Ya yo había empezado a dar las clases como profesora y tenía que estar corriendo de un lado a otro para no perderme las clases del grupo. Y cuando uno se dedica también a ser profesora, o lo haces bien o no lo haces. Había que preparar clases, estudiar para mostrar métodos, sobre todo de enseñanza, porque no es lo que tú sepas, sino cómo tú lo trasmites. Entonces, bueno, eso fue difícil desde ese punto de vista, y ligar las dos cosas ya me tenía muy atormentada. El trabajo del Grupo (Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC) no era que tuviera que estar cantando todos los días ni haciendo actividades, nosotros no salíamos del segundo piso del ICAIC, bueno, tú estabas allí, tú lo viste. Era recibir clases, y era escuchar música para analizarla y ensayar y tocar.

Amaury. Y grabar para los documentales.

Sara. Y veníamos para acá (Estudios de Sonido del ICAIC) y era estar horas grabando cosas, improvisando, probando tal ritmo con tal cosa, en fin… Creo que fue un momento muy bonito y se trabajaba mucho para el cine, no porque ese fuera el trabajo del Grupo…

Amaury. …Pero hicieron muchísimo.

Sara. Muchísimo porque nos tenían a toda esa gente todo el día metidas juntas en el mismo sitio.

Amaury. ¿Las primeras canciones tuyas surgieron…

Sara. A partir de ese trabajo, “Qué dice usted”; “El programa del Moncada”; otra cosa más que yo hice para un documental sobre el 13 Congreso. Muchas cosas, yo compuse mucho.

Amaury. Ahora Sara. ¿Cuando tú entraste al Grupo ya estaba Ana Besa, la oboísta?

Sara. Sí, ya estaba.

Amaury. ¿Y hubo alguna resistencia por ser mujer, no tienes que decir nombres porque no hace falta?

Sara. Mira Amaury, las cosas se dicen o no se dicen, o se callan para siempre o se dicen y la gente tiene que tener la valentía de decir las cosas, porque lo que no se puede es matar la historia y la historia está, y más tarde o más temprano se va a saber.

Por ejemplo, yo tenía en contra, no en contra, vamos a decir la verdad, tenía una persona con reservas. ¿Esto dará resultado? Porque realmente yo no venía de nada, yo venía de estudiar música. Yo no vengo con una historia como la tenía el mismo Pedro Luis (Ferrer) o el mismo Mike (Porcel)

Aspiraba medio mundo a estar en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, eso era lo más grande. Todos querían estar ahí. Y entonces yo de repente, la sanaca esta que no había cantado nada ni nadie la conocía, de repente llega y ya está con un tema para no sé qué y hace un programa de televisión con Pablo Milanés. Tuve suerte. En esto hay que tener también un poco de suerte en la vida, no solamente con el talento caminas, hay que tener suerte. Hay que ser oportuno, que no es lo mismo que oportunista.

Amaury. Y también seguir el destino, cada cual tiene un destino.

Sara. Saber en qué momento tienes que hacer las cosas y cuando no las debes hacer.

Amaury. Y ahí entonces ¿quién se opuso, quién decía no, yo creo…?

Sara. Alfredo Guevara. Con todo mi respeto. Que él jamás en la vida demostró ni tú me caes mal, tú eres pesada. El decía: “Yo no conozco a este personaje, ella no trae ninguna historia, vamos a esperar. Lo que dijo fue, ¡vamos a esperar!, no dijo un no rotundo, si él dice un no rotundo, jamás me hubieras visto en la historia de la papeleta esta. Si él dice un no rotundo hubiera sido así. Pero no dijo no rotundo, él dijo: Vamos a esperar, vamos a probar, vamos a esperar. Hasta que se hace aquel concierto en la Cinemateca, que era por los encuentros de Música Latinoamericana que se daba en la Casa de las Américas y ahí yo canto para el público. Al otro día yo estaba ya contratada, pero tuve que demostrar que tenía algo para dar, o algo que enseñar, o algo que compartir.

Amaury. De todas maneras es una bonita experiencia que tú viviste y un privilegio.

Sara. Y había gente que creía más en mí que otros.

Amaury. Pero bueno, eso es normal.

Sara. Te digo, es normal, es que yo no venía con ninguna historia. La duda podía ser el ente que me persiguiera más rápidamente.

Amaury. Además, y el Grupo del ICAIC era una idea de Alfredo que había tratado de rescatar a aquel grupo de muchachos con Leo y gente que venía de la Casa de las Américas y eso. Pero bueno, hablando de la Casa de las Américas, tu primer disco y, eso es una cosa que siempre me ha llamado la atención. Tu primer disco no es cantando tus canciones, o canciones de cualquiera de ellos, tú haces un disco musicalizando a Martí, ese es tu primer disco.

Sara.  Esa es una oportunidad también muy bonita. Creo que la idea surge porque ya hay una obra que Pablo Milanés ha musicalizado de Martí, con suficiente peso e importancia y de ahí es que surge la idea. La gente pensante de la Casa de las Américas, que qué bonito sería tener una colección de estos poemas y empezar a hacer una serie. Y fíjate, que el primero que hace Pablo es una cajita, yo me acuerdo que era una cajita con los discos en 45.

Amaury. Sí, los discos pequeños.

Sara. Disquitos pequeñitos sin acompañamiento, nada más que de la guitarra, fueron así. Estando eso en proceso de salida y todas esas cosas, Pablo habla de que yo también, que fue lo primero que hice, que ya yo tenía un material. Si porque yo en el momento ese que yo tenía un material, yo tenía tres versos sencillos, que es cuando yo te conozco a ti.

Amaury. Me cantabas las canciones por teléfono.

Sara. Porque yo de repente tan fresca, tan caretúa que me llaman de la Casa de las América y me dicen: ¡Estás grabando el mes que viene un disco de la poesía de Martí! Digo: ¡Ah, me va a quedar bello, usted va a ver!

Me fui para mi casa y dije: ¡Caballero, mira que yo estoy loca! ¡Si yo nada más tengo tres cosas! Bueno, ahí puse a mi prima Martha Eugenia a buscar, a seleccionar, y me decía: ¿Qué te parece esto? ¿Qué? ¿tú le ves música? Bueno, por suerte que Martí tiene una música.

Amaury. Que ya tiene su música.

Sara. La cosa es encontrársela. Y a ti te tenía totalmente enloquecido.

Amaury. Me encantaba.

Sara. Tú vivías pegado al teléfono esperando que yo te llamara: ¡Oye este pedazo! ¿Qué tú crees? Sigue, por ahí, sigue por ahí.

Amaury. Recuerdo “Crin hirsuta”.

Sara. “Crin hirsuta”, me dijiste, falta el final. Que fue una belleza de verdad, no por nada, pero quedó…

Amaury. Ese es un disco muy bonito. Pero ahora estamos en la Casa de las Américas y tú tuviste el privilegio, como lo tuve yo…

Sara. …Después entonces te lo plantearon a ti.

Amaury. Sí, eso ya fue después, pero yo quería hablar de una persona, de la que en este programa no se ha hablado todavía, y creo que quien mejor puede hablar de ella eres tú, y es de Haydee Santamaría, (Yeyé). Porque ella fue para todos nosotros, bueno, para la Cultura cubana en general, pero especialmente para nosotros, prácticamente una madre, una especie de madrina.

Sara. Una madrina, la madre es otra cosa. Ella era como una guía, pero además con complot y con misterios y con cosas. A mí me gustaba mucho las cosas con ella, porque ella era muy elucubradora y te llamaba y hacía campañitas, pero de la buenas, para buscar cosas, soluciones, planes, de ideas de conciertos ¿qué ustedes creen? Nos llamaba y hacía esas cosas muy bonitas. Pero después venía y te decía: “Eso mismo dijo Amaury”, o después venía y decía: “Eso mismo me dijo Pablo”.

Amaury. Todos nos acercábamos a ella, pero ella tenía contigo un cariño muy especial y creo que nunca hay tiempo suficiente para honrarla, para honrar su memoria y lamentar su ausencia física. Ahora, ¿cuándo llega la Sara de “La Victoria”? Esa canción que es un himno, un himno de este país, que se cantó y se sigue cantando y se cantará para siempre. La Victoria ¿Cómo es que aparece?

Sara. Amaury, mira, realmente muchas veces y digo antes de hablar de “La Victoria”, el caso específico de “La Victoria”, me han hablado de ¿por qué yo no compongo más? ¿por qué yo no hago más canciones? ¿Por qué si las que he hecho, las cuatro, las cinco que he hecho, han quedado más o menos bien?

¿Por qué? Porque hay personas que necesitan motivos, unos motivos raros para a veces componer. Yo no soy como tú, que te sientas en tu casa y de repente, eso de las musas. ¿Por qué yo compuse tanto en la época del ICAIC, más canciones de las que he compuesto después? Porque estaba la imagen, y a mí la imagen me provocaba. Hice una canción para un documental que nunca se llegó a poner, pero que a mí me gusta y está hecha para el cine y me gustó mucho y se llama Qué maravilla. Decía: “Qué maravilla nacer en esta tierra / y ser el hijo de aquel que fue a la guerra / qué maravilla nacer”.

Amaury. Que tú has grabado.

Sara. Pero no llegó a ser parte del documental y sentarme con Rogelio, Rogelio París a oírle las anécdotas, Rogelio es un gran cuentero y sabe perfectamente lograr la música que él necesita. Eso me ha pasado con componer. ¿Qué pasó con “La Victoria”? Que fue eso mismo, a mí la palabrita es una cosa que me da repelú. Eso que cada vez que te dicen: por encargo, me parece cosa de mandados, de ir a buscar mandados. Pero es así como se llama el estilo ese de la creación: canción por encargo. Y fue por encargo, “La Victoria” fue una canción por encargo.

Amaury. ¿Quién te la encargó?

Sara. Nosotros hicimos una reunión unos meses antes del 4 de abril famoso ese donde se estrenaron todas esas canciones. Me recuerdo que fue en Varadero, en la playa de Varadero y quién dirigió ese espectáculo fue el maestro Frank Fernández.

Entonces Frank reunió allí a los que estábamos para ese encuentro de la Trova y nos dijo: “yo quisiera que en la parte de Girón hubiera tres canciones: “El preámbulo”, que fue cuando se declara el carácter socialista de la Revolución, “La Batalla” y “La Victoria”. Quisiera que “Preludio”, la haga Silvio (Rodríguez), “La Batalla”, que la hace Eduardo Ramos y la canta Tatica (Jesús del Valle), y entonces me dice: tú que eres una mujer muy arriba, tú eres una mujer de un carácter explosivo y feliz. Tú tienes que hacer La Victoria. El que le cante a “La Victoria” tiene que ser con ese carácter y con esa alegría y con esa fuerza. Y la cabeza mía empezó con aquello y cogí un libro y empecé a leer y, de verdad te juro que ya estaba tan llena de aquello, porque yo no viví aquello, yo era una niña. Que me senté y me salió, Amaury, en diez minutos la canción y esa canción se estrena ese día en el espectáculo ese.

Amaury. El 4 de abril, creo que fue de 1974. Pero después o antes tú grabas Su nombre es pueblo, de Eduardo Ramos.

Sara. No. Fue después. Su Nombre es Pueblo es una canción, que si mal no recuerdo la anécdota, es una canción que Eduardo Ramos  compone para el Che, para un espectáculo del Che. Y quien canta la canción en ese momento es Omara Portuondo, y un día le dije a Eduardo: a mí me gusta mucho la canción esa que cantó Omara, ¿por qué no me la das para cantarla? Yo cantaba en aquel momento 36 Peldaños, La Batalla, temas de Eduardo Ramos y a mí esa canción me gustaba mucho y es cuando empezamos a cantarla. Termina grabada en un disco del grupo con un arreglo.

Amaury. ¿Pero en los últimos años has cantado esa canción a capella? ¿Cuándo fue la primera vez que la cantaste a capella?

Sara. En un acto en la Plaza de la Revolución. Me pidieron que cantara esa canción y no estaba ni montada ni nada, con el grupo con el que yo trabajaba. La verdad que yo jamás, que te lo digan mis mismos músicos, que en aquel momento trabajaban conmigo. Yo nunca puse esa canción en programa, sino, nada, la situación se daba, se creaba esa situación que tienen las cosas para que se den y para que tengan la fuerza del momento…

Amaury. Bueno, más nadie se ha atrevido a cantarla de todas maneras.

Sara. Bueno, no. A capella no (risas)

Amaury. Sara, antes de irnos de esa época tan extraordinaria, quiero que tú me hagas una valoración de la importancia de Leo Brouwer en el Movimiento de la Nueva Trova, porque no se habla demasiado de eso.

Sara. Es que Leo es un hombre tan importante en tantas cosas. Realmente Leo es un hombre maravilloso. Yo creo que todo artista, Amaury, es un maestro. Pero él es un maestro extraordinario.

Amaury. Sí, natural, además.

Sara. Hablar con él es una clase, yo no sé porqué siempre Leo cuando tú terminas de hablar con él cualquier cosa, aprendiste algo. Que no tiene que ser específicamente de música. Puede ser de fotografía. Tú hablas con él y de repente te dice: porque yo tengo una cámara, porque mira, tú sabes cómo se hace, que es normal. ¿Cómo tú sabes de eso? Cualquier cosa, es un hombre con una facilidad que tiene de comunicación, y de trasmitir.

Amaury. Ahora, saltamos de ahí y toda esa etapa tan hermosa de la que hemos hablado en extensus, como se dice y vamos al Conjunto Nacional de Espectáculos, con Virulo.

Sara. Amaury, mira, yo nunca he sido una cómica.

Amaury. ¡Sí, tú sí eres muy cómica!

Sara. Yo soy como soy, pero no me he propuesto hacer un papel de cómica en la vida. Lo que pasa que tú te mueres de la risa cada vez que yo abro la boca, ese es el problema.

Amaury. Sí, tú eres muy simpática y todos los que te conocemos nos morimos de la risa.

Sara. Pero porque a mí me gusta ver más reír a la gente que llorar, y entonces si yo soy capaz de sacarte una sonrisa, por eso soy capaz de cualquier cosa.

Entonces no sé, la idea era tan bonita, aquello de ópera-son, me parecía el descubrimiento del Siglo XX y Virulo era muy amigo mío. En aquel momento andábamos muy juntos para actividades y yo estaba oyendo lo que él estaba haciendo y me estaba interesando tremendamente sobre todo eso, ese nuevo género de hacer la ópera-son, no otra cosa. Entonces claro, naturalmente todo esto conlleva un aprendizaje que puedo decirte que es lo que más valoré en todo el tiempo que estuve ahí, que fue dar clases con el maestro José Antonio Rodríguez, dar clases con Carlos Ruiz de la Tejera, de lo que era la interpretación.

Lo que pasa que yo me divertía mucho, Amaury, tú me contabas lo de los samurais y yo te decía; mira, Amaury, el problema es que como yo soy la graciosita que siempre está fijándose en las cosas cómicas para estarse riendo, en aquella época en Cuba venían una cantidad de películas de esas de samurais y de cosas esas que eran muy buenas como El Bravo, pero unas muy malas que venían también y que eran muy graciosas.

Entonces a mí, sobre todo, lo que más risa me daba, era que hubiera unas grandes frases dichas en ese idioma, donde nada más que dijera, bueno, no sé, (frase larga parafraseando el idioma japonés) y abajo decía: ¿Qué hora es? Y yo decía, ¿Cómo es posible?. Y entonces después decían: (frase corta parafraseando el idioma japonés) y quería decir: ¿Vendrá el emperador por el camino de…? Entonces eso era.

Había unas muy malas, las peores películas del mundo, que había una bruja, que era la que a mí más me gustaba hacer, lo que pasa que después yo no la pude incorporar al Estudio que era una bruja espantosa, era tan mala que lo mismo se te convertía en mosca, que en sopa, que en cuchara. (Risas)

Amaury. Que estaba en “El pirata Samurai”. (Risas)

Sara. ¿Te acuerdas?, que tenía una nariz así con un verrugón, y entonces con una uña así de este tamaño, y se te acercaba tanto y a todo el que yo tocaba le daba un ataque. ¿Te acuerdas?, yo venía imitándola con el dedo y tú te mandabas a correr. (Risas)

Amaury. Ahora, Virulo dijo en este mismo programa -tú debes haberlo visto-, que en su opinión y Virulo es una persona, tú sabes, muy simpática, muy ingeniosa, pero además, es muy certero en sus criterios. Y él dijo aquí que tú podías haber llevado las dos carreras al unísono.

Sara. No te vayas a creer que no lo pensé, lo que pasa que cambió y eso es algo que siempre él y yo no hemos discutido, pero sí en un momento determinado lo que estábamos haciendo cambia. Ya se convierte más en chiste que en cantar y ahí es donde yo decido que no tengo nada que hacer ahí. Porque si no me convierto en una actriz cómica y ya. Pero realmente a mí lo que más me interesaba de la ópera, era hacer el humor, pero cantar, llevar la canción, el son, el género de la música cubana a ese tipo de creación. Y yo llamo a Virulo y le digo: “Mi hermano, tú y yo vamos a seguir siendo como somos, hoy por hoy, hermanos, pero yo no voy a seguir haciendo esto”.

Amaury. ¿Pero no sientes ninguna nostalgia?

Sara. Amaury, tú sabes que yo sigo en mi casa, y cuando nos encontramos tú y yo y eso, yo sigo haciendo todos los monos del mundo, eso sí, entre nosotros.

Amaury. ¿Pero no quisieras hacerlo en televisión, incluso ahora?

Sara. Puede ser que a lo mejor algún día haga algo, no digo que no. Creo que sí, que se puede hacer un día, para algo y lo haré con mucho gusto.

Amaury. ¿Cómo fueron tus primeras giras, cómo te recibieron? Porque estuvieron por Italia, viajabas a lugares donde nadie va, o sea, tú has estado en Australia.

Sara. A mí me recibió el presidente de Australia, un canguro, buena gente. (risas)

Amaury. ¡Oye, mira, que tenemos amistad con ese país!

Sara. Muchísima. (Risas). ¡Oye, tú si te acuerdas que yo fui la primera vez a Italia! En el 74 fue mi primer viaje que te tuve que traer una Coca Cola, no, una Cola Cola no, una Fanta, porque tú querías una Fanta. Después te traje unos pitusas, no me digas que no.

Amaury. Yo tenía un desamparo textil total.

Sara. Total, dabas lástima.

Amaury. Pero tú en esos años viajabas constantemente porque te invitaban a todos los festivales importantes.

Sara. Había también había un furor muy grande en aquella época con la Nueva Trova y cualquier cosa que venía de los trovadores era muy fuerte. Recuerdo que tú y yo a México íbamos en aquel momento, cuando tú ya después te quedas en México, e instalas toda una imagen, un trabajo. Pero me acuerdo de haber ido 8 y 9 veces a México al año y España también fue… Todavía a España voy a cada rato. El año pasado fui y este año se supone que vaya otra vez. Yo creo que ahora estoy muy contenta con un espacio que estoy haciendo…

Amaury. Ah, bueno, hablemos de eso.

Sara. Estoy haciendo ahora un espacio que se llama “El jardín de la Gorda”, casi toda la semana es ensayando, viendo esto, viendo lo otro.

Amaury. ¿Y hay un día fijo? ¿Hay un domingo?

Sara. El domingo último de cada mes.

Sara. Tú estuviste. Cuéntale aquí a la gente cómo fue aquello.

Amaury. Sí, extraordinario, es un público muy entregado.

Sara. Muy participativo además.

Amaury. Y las personas que se reúnen alrededor de Sara González, las personas que es capaz de convocar Sara González. Decir Sara González, quiere decir, que te invite Sara a un jardín, a una pachanga, a un velorio, Sara González a uno lo acompaña adonde sea. Pero y de ahí ¿cuándo es que surge la idea de grabar las canciones escritas por mujeres? Has hecho dos discos.

Sara. ¡Ay, qué bonito! Estoy muy enamorada de eso porque siempre que termino, ya he terminado dos discos como tú dices y aparecen más canciones. Y de gente que ya no son tan conocidas, porque  es que realmente en el primer disco, Cantos de mujer, es una serie. Donde está desde María Teresa Vera, Ernestina Lecuona, Tania Castellanos, Isolina Carrillo y Yusa, y…

Amaury. Tienes gente joven también y Liuba…

Sara. Liuba, en fin, todas esas compositoras. Cuando yo terminé de hacer ese primer disco, que llegué a 15 canciones, quedaron como cinco o seis, porque ya no cabían. Vamos a llegar hasta ahí a ver qué pasa.

En realidad el disco tuvo aceptación desde el punto de vista que sin querer, sin pretender, porque una antología son palabras mayores. Sin pretender eso, bueno, pues, creo que llegamos a hacer un poquito de esa idea y es lo que estamos haciendo en estos discos.

Amaury. Ahora, tú también, bueno, eres productora, aparte de cantante, intérprete de estos discos, has sido productora de esos discos. Pero también le has producido discos a otros artistas. Yo recuerdo el primero, ¿fue el primero o el segundo?, de Teresita Fernández, un homenaje.

Sara. El primero, el de “Mi gatico Vinagrito”.

Amaury. ¿Es un trabajo que gusta?

Sara. Sí, me gusta.

Amaury. ¿Es un trabajo que te gusta, dirigir?

Sara. Me gusta, me gusta meterme en ese mundo. Creo que me gusta, no tanto como a ti.

Amaury. Bueno, que no se habla de mí aquí.

Sara. Te encantan los estudios de grabación, muchas cosas las he aprendido de ti, de vértelas hacer.

Amaury. Ahora, Sara, nos estamos acercando al final, la televisión tiene tiempo desgraciadamente. ¿Tú crees que canciones como La Victoria, como Su nombre es pueblo, trascenderán en la historia? ¿Tienes una idea, o sea, continuarán y pasarán de generación en generación?

Sara. Es que eso no viene por canción misma, por sí sola, esas cosas surgieron por algo, por cosas que pasaron, por hechos que son inolvidables, que están en la memoria. Está en la memoria de cada uno de nosotros, que se va a trasmitir, además, nos toca también. Nos toca el papel de maestro y guía en muchas cosas de ese sentido, en el sentido de nuestra historia. Están nuestras películas, están nuestras canciones, que son ya historia; no estaré yo, pero ellas están, están en los discos.

Amaury. Sí, y en la memoria colectiva de todo un pueblo.

Sara. De un pueblo que eso sí es más importante y este pueblo, efectivamente, lo más grande que ha tenido siempre, es su gran memoria histórica. Porque si Cuba es Cuba, hoy por hoy, es precisamente por eso, el respeto que tiene en el mundo un paisito como nosotros, debido a su memoria histórica a sus cien años de lucha. Esas cosas que, esa rebeldía que nunca quiso ser y dejarse dominar por nadie y menos por un país como los Estados Unidos, que tiene dominado a medio mundo y, a nosotros no.

Amaury. Sara, la última pregunta quiero que la medites bien, es una pregunta comprometida. Un amigo común dijo un día: Sara es la Patria. ¿Cómo se puede vivir con esa responsabilidad y con esa sentencia del amigo?

Sara. Amaury, yo no sé. Si se pone a pensar uno en eso, creo que es una responsabilidad fuertísima eso de que te identifiquen con la Patria, ¿no?, pero si me tocó ese pedazo, lo voy a asumir, con todo y por todos.

Amaury. Todo el mundo lo sabe. Los televidentes lo saben y tú lo tienes más que probado, yo doy mi vida por ti. Te quiero mucho y te agradezco que hayas venido.

Sara. ¡Ave María! (risas)

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4 pensamientos en “Falleció la cantautora cubana Sara González”

  1. Que en paz descanse SAra..con una admirable voz..pero cantandole a un mostruo y a ese engendro que se llamo la robolucion castrista…sin penas ni gloria…….es una lastima que le apostara al lado equivocado de la historia…

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